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Posts Tagged ‘Editorial Renacimiento’

humor-vgy-bicicleta-gentes-Marie Eve Tremblay

 

(UN ANUNCIO EN LA PRENSA) :

Librería SAÉNZ, calle del Pez 7

Todas las novedades literarias

¡YA NO PENSAMOS ANUNCIAR MÁS!

Porque vemos que es inútil

 

humor-mnnuun-Yann Kebbi

 

(SIETE   REGLAS  DE  URBANIDAD)

(Numeradas para que no se mezclen)

1ª.- Está muy feo decir a las visitas: “¡Vaya una lata que nos están dando ustedes esta tarde!”

2ª.- Es de un efecto deplorable en una persona que va invitada a un té quitarse el sombrero, llenarlo de sandwiches y volver a ponérselo.

3ª.- En la comida de esponsales, la novia no debe nunca levantarse a los postres para decir que se casa con el novio porque es rico.

4.- En caso de llevarse cubiertos de alguna casa amiga, la urbanidad manda que solo se lleven los de plata. Porque luego le dicen a uno: “¿ De dónde es este tenedor? ” “De casa de Fulano…” Y si el tenedor no es de plata, Fulano queda muy mal considerado.

5ª.- Cuando se habla con una persona recién salida de la cárcel resulta de mal gusto preguntarle a cuántos años le condenaron.

6ª.- Al organizar un paseo en automóvil y ver que en el coche no hay sitio para los invitados, no se les debe decir: “Vayan ustedes a pie por la carretera, que ya los alcanzaremos”, porque eso es una falta de urbanidad. Se les debe aconsejar que vayan corriendo al lado del auto, y así por el camino pueden continuarse con ellos las conversaciones empezadas al partir.

7ª.- También es una falta de educación preguntar por la salud de los hijos a las jóvenes solteras, porque puede ocurrir que no tengan hijos.

 

Nueva York -uubbwq-trenes- humor- Michael Crawford

 

Puntos de humor de Enrique Jardiel Poncela, cuya última y completa biografía con el título  de “¡Haz reír, haz reír!”  ha publicado Víctor Olmos (Renacimiento)

 

humor- nhy- Federica Bordoni

 

 (Imágenes.-1.-Marie- Eve Tremblay/ 2.-Yann Kebbi- / 3.- Michael Crawford/ 4.-Federica Bordoni)

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EL  TALLER  DE  LA   GRACIA.-AA

En esta inmensa sala de Internet la amistad virtual se hace personal en un instante y cuando cruzo entre los blogs con mi vaso en la mano buscando trazos de conversación, infinitas conversaciones del mundo vienen hacia mí también con sus vasos en las manos, se entrecruzan blancas chaquetas de camareros invisibles y palabras e imágenes se saludan como si se leyeran y se fotografiaran de toda la vida, mujeres y hombres que jamás se han visto y que quizá nunca se verán: sólo la pantalla sobre los hombros y los dedos en el teclado desvelan perfiles cercanísimos y universales a la vez, gentes de la casa de al lado en la aldea global, ventanas que se han asomado a nuestros patios interiores, puertas que se nos abren de par en par.

maty.galeon.com.-2

Así me he encontrado en esta inmensa sala de Internet a Juan Pedro Quiñonero al que aún no conozco y al que un día conoceré. Pero en cuanto lo conocí atravesando la Red se cruzaron entre nosotros, presentándonos, uniendo más la amistad, Luis Rosales y Pla y Ramón y Baroja, y enseguida hicieron corrillo de lecturas Juan Ramón y Proust y Virginia Woolf y Baudelaire y tantos otros más, unos pintores y otros escritores, fotógrafos, pensadores, artistas. Quiñonero llevaba un libro en la mano, o mejor dicho, el libro al que me presentaron llevaba a Quiñonero dentro, y al abrir su alma Quiñonero y abrirse a la vez las páginas del libro, vi que “El taller de la gracia” me empezaba a confesar: ” Jünger decía que la gran tarea del hombre del siglo XXl sería la “repoblación espiritual” del mundo, víctima de la desalmada colonización y desertización industrial del planeta. En esas estamos. La milenaria guerra entre los Titanes y los Inmortales prosigue en muchos frentes, en detrimento de estos últimos, que muchos consideran definitivamente amenazados. Quizá“.

Ante ese “quizá” me quedé pensativo. Mientras alguien pronuncie ese quizá nada estará perdido, nada aún se dará por concluido, todos esos “quizá” de las posibles victorias nos harán recomenzar cada mañana de modo vibrante la batalla diaria. “El camino que va de la tierra donde nací – me seguía diciendo el libro -, mi país natal, mi “heimat” original, a la tierra, la casa, el país extranjero donde he vivido buena parte de mi vida, en París, donde nacieron mis hijos, es el camino que he intentado repoblar escribiendo libros, que es una de las maneras más tradicionales de amueblar la casa vacía del ser“. Y unas páginas más atrás esta visión bellísima: “Tarea íntima, de entrada, la de celebrar, en familia, la comunión del pan, el vino y las palabras, ya que, en la vida de los hombres, de las familias, hay cosas materiales y cosas inmateriales. Las cosas materiales saltan a la vista: una casa, un trabajo, unas deudas. Las cosas inmateriales las guarda cada cual en el almario de su conciencia. Digo bien almario: algo así como un diminuto armario donde la memoria guarda las cosas nuestras que atañen a nuestra vida moral. Las cosas del alma, se hubiese dicho en otro tiempo”.

Estuve  leyendo “El taller de la gracia” (Renacimiento), gran libro de inquietud, de preguntas, de propuestas, libro sostenido por una amplísima cultura de curiosidades, ojos que no se resignan a la decepción, pupila no cegada ante ninguna esperanza.

Pasaban por entonces, al otro lado de  la inmensa sala de Internet, calles y ciudades muy conocidas, ciudades y calles que en distintos años Quiñonero y yo hemos atravesado sin cruzarnos nunca. Pasaba en ese momento cerca de mí la rue de Tournon cargada de recuerdos e inmediatamente me fuí con ella.

(Imágenes:-1.-portada de “El taller de la gracia”/2.-Juan Pedro Quiñonero.-foto tomada de maty.galeon.com)

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