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Posts Tagged ‘deporte’

 

 

En estos días de verano el ojo descansa sobre la perspectiva de los verdes horizontales, duerme en la naturaleza de los valles; en estos días de verano el ojo también se alarga a orillas del mar hasta tocar la línea verde y azul del agua. El ojo y el verde han provocado estudios de gran interés, como el firmado por el especialista en colores, el francés Michel Pastoureau que en su ensayo “Verde” ” Historia de un color” (du Seuil)  recuerda que ” en los jardines públicos todo es verde, no solamente los árboles y los arbustos, las plantaciones, sino también las sillas y el mobiliario, las verjas y los kioscos, las pancartas, los basureros e incluso el uniforme de los guardas. Verde tierno o crudo para lo vegetal, verde gris para los objetos: la gama de los verdes aparece extremadamente larga. El santo de los santos es el “teatro de verduras”, lugar protegido donde el público puede venir a sentarse en un océano de plantas de todas las esencias y de todas las mezclas, y allí asistir a espectáculos. Cualquiera que sea el lado hacia el cual se gire la mirada, cualquiera que sea el objeto sobre el cual la mirada se pose, el color verde está presente.

 

 

Hacia 1900, en el corazón de las ciudades, este verde vegetal e higiénico se une con el verde de los médicos, nacido hacia el fin de la Edad Media y que ha atravesado discretamente toda la época moderna. La medicina y la farmacia tienen desde hace largo tiempo como color emblemático el verde, probablemente porque durante siglos la mayor parte de los remedios estaban hechos a base de plantas. En muchas universidades de Europa, es el color de la toga que distingue a los médicos de los farmacéuticos en los rituales académicos y, en el campo de batalla, encontramos las insignias que llevan los diferentes cuerpos de la armada. Las cruces que en las ciudades señalan las farmacias también aparecen en verde y han contribuido a unir este color con las profesiones de la salud.

Verde igualmente suelen ser los vestidos de los cirujanos  e incluso el verde existe en los pasillos y en las habitaciones de los pacientes. Hay indudablemente excepciones ( en Italia, por ejemplo, las cruces de las farmacias son rojas) y recientemente la paleta de colores de los hospitales se diversifica (el azul y el blanco toman gran distancia), pero el verde es aún – y por largo tiempo – un color médico, sanitario, tranquilizador”.

El verde recorre la Historia  y Pastoreau lo encuentra en la Biblia, en el Islam, en las primaveras de las épocas, en la juventud y en la esperanza, en el estandarte de muchos héroes, en los colores de los pintores y en los poetas, en la moda y en todos esos valles y montes donde nuestra vista descansa y el ojo se alarga al final de la tarde sobre esa línea azul del mar que el verde confunde.

 

 

(Imágenes- 1-Eduard Boos- 1904/2.-Dora Carrington/ 3.- Felix de Boeck)

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deportes.-44v.-boxeo.- Muhammad Ali en Louisville.-Kentucky.-1966

“Para ser campeón –respondía Cassius Clay a la pregunta del periodista italiano Enzo Biagi -debe poseerse ante todo un talento natural y después hay que desarrollarlo. También creo que para ser auténtico campeón no sólo hay que demostrar que somos grandes atletas, sino también verdaderos hombres en sentido absoluto (…) El deporte tiene leyes bien determinadas, y una de ellas consiste precisamente en el hecho de que en una competición deportiva debe existir un veredicto claro e inequívoco. Vencer es mucho más importante que competir bien y honradamente. En un encuentro o partido, hay un vencido y un vencedor, pues el deporte requiere que se establezca un juicio claro acerca de los valores; que la relación de calidad sea reconocida sin que quepan dudas, de manera que incluso el perdedor quede lealmente convencido. Por lo tanto, yo diría que la victoria es un elemento indispensable, una coronación necesaria de la competición deportiva (…) El campeón sólo es mejor si se encuentra en su mejor forma. Si no alcanza su condición más brillante, ya no es el mejor. Se gana si se está en forma y armonía. Una regla del deporte, y quizá también de la vida en general, consiste en presentarse siempre en la plenitud de los propios medios. Así, pues, se es “el mejor” si se consigue, mediante sacrificios, preparación, seriedad y disciplina, un rendimiento medio y constante, que, en el caso del campeón, significa ser el más excelente entre todos.”

(a los 5o años del célebre combate de Mohamed Alí) (Rey del Ring“, como dijo Norman Mailer y he escrito ya aquí en varias ocasiones)

boxeo- thepicturesk.blogspot

(Imágenes.-1.-Mohamed Alí.-Louisville.-Kentucky.-1966.-Thomas Hoepker/ 2.-thepicturestk.blogspot)

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“Como en todos los grandes espectáculos deportivos – recuerda Barthes en “Del deporte y los hombres” -, el ritual de la inauguración se observa con solemnidad.  En ciertas épocas, en ciertas sociedades, el teatro tuvo una gran función social: reunía a toda la ciudad en una experiencia común, que era el conocimiento de sus pasiones. Hoy esta función la cumple, a su manera, el deporte. Pero la ciudad ha crecido: ya no es una ciudad, es un país, y muchas veces es, por decirlo así, el mundo entero; el deporte es una gran institución moderna metida en el molde ancestral del espectáculo. ¿Por qué hay que amar el deporte? Conviene recordar en primer lugar que todo lo que le sucede al jugador también le sucede al espectador. Pero mientras que en el teatro el espectador sólo es un mirón, en el deporte es un actor.

Y además, en el deporte, el hombre no se enfrenta directamente al hombre; entre ellos hay siempre un intermediario, una bola, una máquina, un disco, una pelota. Y esta cosa es el símbolo mismo de las cosas: uno es fuerte, hábil y valiente para poseerla, para dominarla. Aquí, mirar no solamente es vivir,  sufrir, esperar y comprender, sino que es también, y sobre todo, decirlo con la voz, con el gesto, con la cara: es manifestarlo ante el mundo entero. En una palabra, es comunicar.

Finalmente, hay en el hombre unas fuerzas, unos conflictos, unas alegrías y unas angustias; el deporte las expresa, las libera, las quema, sin dejar que nunca destruyan nada. En el deporte, el hombre vive el combate fatal de la vida, pero ese combate está distanciado por el espectáculo, reducido a sus formas, liberado de sus efectos, de sus peligros y sus vergüenzas: ha perdido su carácter nocivo, pero no su esplendor ni su sentido.

¿Qué es el deporte? El deporte responde con otra pregunta: ¿quién es el mejor?

Pero a esta pregunta de los antiguos duelos, el deporte le da un sentido nuevo, pues aquí la excelencia del hombre tan sólo se busca respecto a las cosas. ¿Quién es el mejor de los hombres para vencer la resistencia de las cosas, la inmovilidad de la naturaleza? ¿ Quién es el mejor para trabajar el mundo y dárselo a los hombres… a todos los hombres?”.

(Imágenes.-1.-Estadio de Wembley- Londres.-wikipedia/ 2.-estadio olímpico de Londres.-wikipedia/ 3.-antorcha de loa Juegos Olímpicos Londres 2012.-wikipedia)

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“Ya antes incluso del inicio de la partida las piezas, en las que parece insinuarse sutilmente una malevolencia casi humana – escribe Steiner en “Campos de fuerza: Fisher y Spasski en Reykiavic (La Fábrica) -, se miran al acecho en medio de un silencio electrizante. Con la primera jugada el silencio da la sensación de rasgarse con un chasquido, como la seda tal vez, ya que tu contrario abre las alas, la masa y la energía interactúan por completo para formar un encaje tan finamente tejido, tan multidimensional, que no podemos concebir su patrón. (…) Cuando empiezas a respirar el aroma de la victoria – una aura almizclada, embriagadora, levemente metálica, indescriptible, pues no la puede comprender quien no sea ajedrecista -, la piel se te tensa en las sienes y tus dedos tiemblan“.

Es el silencio del ajedrez, la gran concentración del deporte mental, un especial juego de guerra que entablan los dedos en el aire moviendo con táctica las piezas. El escritor británico Martin Amis, que además de reconocido novelista es excelente constructor de críticas y reseñas, va relatando esta atmósfera al describir en “La guerra contra el cliché : escritos sobre literatura.- (Anagrama), algunos libros de Nabokov, de Steiner y de otros varios apasionados a este juego. Añade también juicios en torno a otros libros sobre  fútbol – el de Bill Buford, por ejemplo, y el vandalismo a veces que los seguidores de este deporte propagan -, y es casi inevitable acodarse sobre el borde de los estadios –  el pequeño del ajedrez y el grandioso del campo de fútbol – para comparar el vocerío y el silencio, el alarido de las muchedumbres y el mutismo cerebral de quienes observan el tablero. Es la competición, el azar, el simulacro, el vértigo en el balón y en la pieza, el aguante, la rapidez, la lentitud, el vigor y la memoria, la ingeniosidad y la destreza. Cada uno mira de distinta forma los saltos calculados de un caballo o el arco que traza una pelota hasta los pies de un extremo. Es la oportunidad, la atención, el equilibrio de un torneo. Es la invitación, el desafío, la persecución, el duelo.

¡La vamos a armar…! ¡La vamos a armar…! – gritan ciertos hinchas después del partido, según recuerda Buforf en Entre los vándalos¡La energía…, la energía es elevadísima! ¡Sentid la energía! (…) ¡La ciudad es nuestra…, nuestra, nuestra, nuestra!“. Son algunos gritos tras salir de los estadios con la victoria en las manos, exultantes alegrías eléctricas enardecidas tantas veces por el alcohol. Detrás queda una tarde de esfuerzos sostenidos, la voluntad de vencer, el haber sido reconocido desde la grada por la excelencia. Detrás queda, en otros tableros, la caída del adversario cercado en un jaque mate premeditado y conseguido, certero movimiento último que los espectadores admiten admirados y aplauden en silencio.

(Imágenes:- 1.-Man Ray.-autorretrato ante el ajedrez.-all-art.org/2.-Will Barnet– 1975 -The Old Print Shop.-arnet/ 3.-Zhong Biao.-9 masterpiece. París-artnet)

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“Los gimnastas no miraban de buena gana a los remeros, los practicantes de esgrima a los ciclistas, lo tiradores a los jugadores de lawn-tenis. Entre adeptos de un mismo deporte la paz no reinaba de manera favorable; los amigos de la gimnasia alemana negaban todo mérito al método sueco y las reglas americanas de fútbol parecían a los jugadores ingleses contrarias al buen sentido. Había incluso otra cosa: existía el espíritu mercantil que amenazaba invadir los círculos deportivos: allí donde no se corría o no se luchaba abiertamente por dinero se sentía, no obstante, una tendencia por deplorables transacciones; y en el deseo de vencer entraban a menudo otras cosas más que la ambición y el sentimiento del honor. So pena de ver al atletismo degenerar y morir por segunda vez, había que unificarlo y purificarlo.

Una única manera me pareció práctica para llegar a conseguirlo: crear competiciones periódicas a las que serían invitados los representantes de todos los países y de todos los deportes, y situar estas competiciones bajo el único patronazgo que pudiera darle una aureola de grandeza y de gloria, el patrocinio de la antigüedad clásica. Hacer esto significaba restablecer los Juegos Olímpicos“.

Pierre de Coubertin: Atenas, 1896

(Imagen: metropolitan museum of art.-The Ne York Times)

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“Asió luego de una pesada barra que estaba hincada en el suelo, porque le dijeron que era el tirarla el cuarto certamen; sopesóla, y haciendo de señas a la gente que estaba delante para que le diesen lugar donde el tiro cupiese, tomando la barra por la una punta, sin volver el brazo atrás, la impelió con tanta fuerza, que, pasando los límites de la marina, fue menester que el mar se los diese, en el cual bien adentro quedó sepultada la barra”.

Miguel de Cervantes: “Los trabajos de Persiles y Sigismunda”  (1617)

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“Acordes al compás,

-Una música suena desde un mármol de orilla –

Los dos grupos de nadadoras

Desenvuelven figuras de salud,

Y como respondiendo al más

Sutil laúd

Posible sobrepasan – de un orden servidoras-

A la nunca sencilla

Naturaleza,

Ignorante del ritmo prodigioso

Donde empieza

-Cuna, taller y coso-

El ímpetu que asciende a esta belleza

Del movimiento exacto.

¡Regocijo del músculo obediente,

Qué gozo en el contacto,

Qué noble libertad por su corriente,

Piel todavía flor,

Carne que ya es amor.

Muchachas que son música en la mano

De nuestra primavera!

Las nadadoras, frente al sumo arcano,

Dirigen la armonía de la Esfera,

Maravillada por el cuerpo humano”.

Jorge Guillén: “Nadadoras”, en “Maremágnum” (1957)

(Imagen: foto Al Bello.-Getty Images.-The New York Times)

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