EL RETRATISTA ( Y CRÍTICO ) LITERARIO

 

 

“El retratista literario intenta dedicar a la realidad lejana de sus modelos una atención siempre presente: toda su delicadeza psicológica: un instinto de detective tras las huellas del criminal; y su mano se transforma nerviosísima y a la vez sin nervios para poder seguir cualquier movimiento del alma. Si el pintor emplea todos los colores de su paleta, él utiliza todos los instrumentos de la psicología en todos los tiempos. No se olvida de ninguno: sea la psicología platónica o aristotélica, estoica o romántica, o los instrumentos de la psicología analítica. Observa los libros, la estructura y el estilo. Pero él no es licenciado en psicología ni en estilo. Su tarea es retratar a una “persona”, no construir una ciencia.”

Así va contando  y comentando poco a poco la tarea del retratista – y también del crítico literario – el excelente intelectual italiano Pietro Citati en uno de sus ensayos deLa armonía del mundo”. “Alejandro Magno moribundo – dice- saluda en silencio, con un debilísimo movimiento de cabeza a sus soldados que vienen a verlo por última vez. Y Kafka recorre las calles de Praga con paso veloz, las manos cruzadas a la espalda, ondulándose como si el viento lo llevara de una parte a otra de la calle (…)  Y si en determinado momento los ojos del retratista o del crítico se encuentran con el misterio de un libro, ¿qué puede hacer? Solamente puede fiarse de su constancia, de su paciencia, de la duración casi maniática de su atención: ni siquiera un instante puede alejar su ojo del libro que estudia, y lee y relee, y vuelve a leer aún, esperando que el libro se canse de ocultar su proyecto secreto (…) Si tiene un oído atento, el crítico consigue revelar este libro escondido, poniendo a la luz la masa oculta dentro del texto y haciendo que hable la inmensa riqueza del silencio. Es un trabajo de precisión: de matemático más que de escritor: es un continuo juego de equivalencias que se debe realizar sin ningún capricho subjetivo.”

 

 

(Imágenes  -1- William Faulkner/ 2 – Franz Kafka – elmundoes)

BLOOM Y LOS CLÁSICOS FUTUROS

lectura-nobb-interiores-Lynne Cohen-imageartslectures

 

” Aunque la lectura, la escritura y la enseñanza son necesariamente actos sociales – dice Harold Bloom en “El canon occidental” -, la enseñanza posee también un aspecto solitario, una soledad que  sólo dos pueden compartir (…) Gertrude Stein sostenía que uno escribía para sí mismo y para los desconocidos, una magnífica reflexión que yo extendería: uno lee para sí mismo y para los desconocidos”.

En estos días se debaten las declaraciones que ha hecho Bloom diciendo que “no me parece que en la literatura contemporánea, ya sea en inglés, en Estados Unidos, en español, catalán, francés, italiano, en las lenguas eslavas, haya nada radicalmente nuevo”,  y un gran lector y excelente crítico como es Alberto Mangel ha querido aportar sus opiniones distintas o complementarias señalando el valor de los influjos, lo que de algún modo quiso tratar también Harold Bloom en “Anatomía de la influencia”.

 

libros.-99z.-Aad Hofman

 

““Es ciertodice Mangel – que la voz de Cees Nooteboom tiene ecos de Ibn Battuta y Diderot; que en W. G. Sebald hay vestigios de Sir Thomas Browne y de Heine prosista; que Enrique Vila-Matas es heredero de Laurence Sterne; que Ismail Kadaré continúa la tradición de Herodoto y de Homero; que Jean Echenoz ha aprendido la lección de los novelistas franceses del XVIII; que Tom Stoppard debe mucho al teatro de Wilde y de Pirandello; que Tomas Tranströmer ha leído al Virgilio de las églogas y a Wordsworth; que Cynthia Ozick ha estudiado la obra de Henry James; que Pascal Quignard tiene una deuda con Montaigne. Todo esto es cierto, pero cierto es también que estos autores son únicos, y sus obras iluminan nuestro siglo como Cervantes y Shakespeare iluminaron el suyo.”

Iluminan nuestro siglo, afirma Mangel. ¿Podría, por tanto, ser alguno de ellos el clásico futuro? Azorín en 1945 publicó “Clásicos redivivos – Clásicos futuros” y tras considerar a Góngora, a Tirso o a Cervantes se adentraba en otros que entonces “iluminaban” también el siglo:  Pereda, en su casa de Polanco: Clarín, en su biblioteca de Oviedo, o en nombres hoy aún más olvidados, como José María Matheu o Ricardo León. Sólo en parte se salvaban Galdós, Baroja y Unamuno.

 

lectura-vvtty-Honoré Daumier- mil ochocientos ochenta y seis- The Metropolitan Museum of Art- Nueva York

 

Iluminar de algún modo el siglo es una cosa y perdurar es algo bien distinto. Eliot en su excelente ensayo “¿Qué es un clásico?“afirma que “si hay una palabra en la que podemos fijarnos y que sugiere el grado máximo de lo que entiendo por clásico es la palabra “madurez”( …) Un clásico sólo puede aparecer cuando una civilización ha llegado a su madurez, cuando una lengua y una literatura han alcanzado su madurez: el clásico sólo puede ser obra de una mentalidad madura (…) Hacer realmente aprehensible el significado de la madurez es quizá imposible, pero si somos maduros reconocemos la madurez de inmediato o llegamos a reconocerla a través de un trato más íntimo. Ningún lector de Shakespeare, por ejemplo, falla a la hora de reconocer, según avanza su propia madurez, la gradual maduración de la mente de Shakespeare, incluso los lectores menos experimentados pueden percibir el veloz desarrollo de la literatura“.

 

lectura-vvbbu-Juliano Lopez Dada

 

En nuestro ámbito, Francisco Rico al hablar de “Veintiún clásicos para el siglo XXl” (Crítica) recuerda que “un clásico lo es porque no se lee tanto cuanto se relee, individual o colectivamente (…) El clásico vive en la memoria, y puede y aún pide ser revisitado, libérrimamente, a fragmentos”.

Quizá toda la prueba de fuego esté en la relectura.

 

lectura-rrvgg-libors-Alexandre Antigna- siglo diecinueve

 

(Imágenes.- 1.-Lynne Cohen– imageartslecture/ 2.-Aad Hofman/ 3.-Honoré Daumier– 1886- The Metropolitan Museum of Art- New York/ 4.-Juliano López Dada/ 5.-Alexander Antigna)

OFICIO DE LECTOR

lectura.-7jjn.-André Kertész.-1959

“El autor sólo escribe la mitad del libro, de la otra mitad debe ocuparse el lector“. Con esta cita de  Joseph Conrad se abre el excelente volumen de Caballero Bonald “Oficio de lector” (Seix Barral), cálido repaso a las lecturas de toda una vida, lecturas que cabalgan entre la inquietud y la quietud. Inquietud siempre de leer, quietud del remanso y la distancia. Francine Prose, confiesa en “Cómo lee un buen escritor(Ares y Mares) una

lectura.-yunm.-Andre Derain.-1935 reflexión ante sus clases de escritura creativa: “Tengo estudiantes ahora que nunca leyeron nada, y yo no puedo entender por qué quieren escribir“. Y Darío Villanueva, al comentar esta obra de Caballero Bonald, recuerda las palabras de Gabriel Zaid: “el problema del libro no  está en los millones de pobres que apenas saben leer y escribir, sino en los millones de universitarios que no quieren leer, sino escribir.”

lectura.-5ybbn.-Wilhelm Hammershoi

En más de una ocasión he hablado aquí de Caballero Bonald. Y en muchas más me he referido a la lectura. Es la defensa de la lectura, de la que hablaba Pedro Salinas en “El defensor”. Leer por leer, lectores puros según el gran texto de Péguy . Nueva página inolvidable: la de Proust y la lectura en voz baja. Otra página más: Lectura a elefante. La atracción por la lectura la condensa Cervantes en El Quijote cuando dice: “Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y como yo soy aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles...”, y luego la lectura depurada, que se transforma al cabo de los años en reelectura, en acompañamiento de los

escribir.-4dwws.-lectura.-Christopher Thompson.-

maestros. “Aun soy capaz de sentir – dice Caballero Bonald sobre el Quijote – la emoción que me proporcionó ese acercamiento a la gran novela. (…) La lectura del Quijote siempre supone una nueva aventura, porque siempre proporciona al lector un rasgo, un matiz – literario, crítico, irónico, moral, paródico, sociológico – que a lo mejor no había sido descubierto hasta

lectura.-4bn.-Armand Schönberger.-1885-1974

entonces o no había sido apreciado del todo anteriormente. Ése es uno de los más sugestivos atributos de una de las grandes creaciones universales de la imaginación literaria”.

Oficio de escritor, sí. Pero paralelamente oficio de lector, que hará al escritor enriquecerse cada día.

(En el día en que le entregan a José Manuel Caballero Bonald el Premio Cervantes)

lectura.-rtbbn.-Oficio de lector.-Caballero Bonald

(Imágenes:- 1.-André Kerstész.– 1959/ 2.-André Derain.-1935/ 3.-Wilhelm Hammershoi/ 4.-Christopher Thompson-Albemarle Gallery/ 5.-Armand Schönberger/ 6.-portada de “Oficio de lector”)

PUDRICIÓN Y SALVACIÓN DE LAS ALMAS

Copio aquí la reseña crítica – firmada por Juan Pedro Quiñonero – que acaba de publicarse en la Revista TURIA, y que yo tanto le agradezco:

“PUDRICIÓN Y  SALVACIÓN DE LAS ALMAS

“La cultura, la sociedad, la vida en común, amenazadas por la destrucción de la lengua. La familia, amenazada por el sabotaje moral, social, político, cultural, incluso económico, de sus antiguos principios. La identidad humana, amenazada por el hundimiento de todos los valores…

¿Cómo salvar, si salvar se puede, ese naufragio de todo cuanto fundó y justificó nuestra vida en común…?

De tal cuestión habla, sin hablar, en escorzo, la última novela de José Julio Perlado, Mi abuelo, el Premio Nobel, de la que ya tenían noticia los lectores de su blog, MI SIGLO.

Lo hace de la manera más simple, honrada, comprensible y noble: con las palabras sencillas de un nieto que nos cuenta la vida y milagros de un abuelo, Dante Darnius, trasnsmitiéndole el misterio más alto, el de los dones de la palabra, construyendo mundos imaginarios que salvan, redimen y refutan el nuestro, minado por la podredumbre espiritual, la confusión de las lenguas, la glorificación de la indiferencia inmoral, la tiranía de la palabra que todo lo niega en nombre de la nada y la adoración de la nada, los distintos rostros del Mal y el Demonio en la obra de Thomas Merton y el segundo Fausto de Goethe.

En la primera parte de su relato, el nieto de Dante Darnius nos cuenta viejas historias familiares… El abuelo no solo era el patriarca de la familia. También era el ser histórico, familiar, mítico, que había transmitido la vida y el don de la palabra, las artes de la memoria y la imaginación.

Tales artes, en el relato de José Julio Perlado, no son frutos retóricos destinados a construir arquitecturas artificiales. La “retórica” desaparece para mejor nombrar cosas sencillas, que todavía unen a algunas familias, a la hora de compartir el pan y el vino en la más íntima comunión de las almas, los seres humanos.

El narrador de Mi abuelo... desaparece como “artista” de la “retórica”, para mejor expresar lo que solo se expresa con humildad y sencillez: lo bueno, lo bello y lo justo están muy alejados del campo de minas de la retórica endemoniada que pudre nuestras sociedades. El narrador de Mi abuelo... se limita a recordar, con limpieza, los instantes de gloria que fundaron su familia y justificaron su vida y la vida de su abuelo.

“Muchos años después…”, en el tiempo mítico del relato, el narrador, que no es Dante Darnius y quizá no sea su nieto, ha conquistado definitivamente su territorio más íntimo, el de las palabras al fin restauradas en su pureza original. Y puede deslumbrarnos con la luz de su tiempo recobrado: en las páginas en blanco de los viejos relatos por escribir ha florecido una prosa tersa y limpia, donde la memoria del autor y la construcción de su alma – indisociable de la construcción de su familia – se confunden en el devenir del texto.

Dante Darnius legó a su nieto – y ambos personajes quizá sean solo uno: rostros que iluminan el rostro íntimo de José Julio Perlado – un don único… el don de una pureza rayana en el silencio iluninado de los místicos. Y el nieto nos entrega a sus lectores los frutos de aquella siembra que se confunde con la revelación de la lengua, la palabra, la escritura. Que son palabras de todos: de ahí su tarea cívica, sembrando con su libro la esperanza de unas almas más limpias, crecidas en la comunión de esa fe”.

(Juan Pedro Quiñonero.-Revista TURIA.-número 100.-noviembre 2011- febrero 2012.-págs 400-401)

José Julio Perlado, Mi abuelo, el Premio Nobel, Madrid, Funambulista, 2011

(Imagen_ Toni DeMuro…illustrations.-quiring)

CRÍTICOS DE AYER, CRÍTICOS DE HOY

“En todos los periódicos hay un encargado de los elogios, un chico sin malicia, bondadoso y capaz de convertir una crítica en un vaso de leche pura. Sus frases son redondas y sin ninguna clase de picante. Se encuentra en estado de alabanza continua, y alaba haciendo uso de una infinidad de giros tan desagradables como ingeniosos; tiene recetas para todos los casos, machaca una rosa y la destila a tres columnas con la gracia de un joven perfumista; sus artículos tienen la inocencia de los monaguillos que portan el incensario en sus manos”.

“El crítico bravo quiere hacerse un nombre, o al menos lo espera, atacando a las grandes reputaciones; es conocido por apuñalar los libros, por deslomarlos; es un matador-jurado. Este descuartizador literario no discute la obra, la despedaza; no la examina, la masacra. Cree pues que admiran la fuerza de su pluma, el vigor de sus razonamientos, y la gracia con la que machaca al paciente. Sus artículos son ejecuciones”.

“Existe en París una veintena de empresas de escándalo, de la mofa a cualquier precio, del griterío impreso, de las cuales algunas son ingeniosas, maliciosas; son algo así como las tropas ligeras de la prensa. Casi todos los principiantes, más o menos poetas, hormiguean en estos periódicos soñando con puestos elevados, atraídos a París como los moscardones por el sol, con la idea de vivir de balde en el rayo de oro y de alegría lanzado por las editoriales o por los periódicos. Enredan en las editoriales, se insinúan a las revistas y logran con dificultad, perdiendo su tiempo y su juventud, promocionarse. Estos bravos muchachos creeen que el ingenio les exime de pensar: toman la envidia por musa, y cuando miden la distancia que separa un libro de las columnas de un periódico, cuando recorren las landas ubicadas entre el estilo y las contadas frases de las columnas de un pequeño periódico, sus cerebros se desecan, caen agotados y se transforman en directores de folletines, en empleados de algún ministerio”.

Leídas estas frases escritas por Balzac en 1843, en su Monografía de la prensa parisina (Los periodistas) (Comunicación Social. Ediciones y publicaciones) hacen pensar en los críticos de ayer y de hoy, en las evoluciones del periodismo.

(Imágenes:-1- Al Held.-Robertas Trip ll.-1986.- foto Held Foundation.-licenciado por Vaga.-Nueva York.-The New York Times/ 2.-Ald Held Apertura l.-1996.- fotos Al Lugar Foundation.-Licenciado por Vaga.-Nueva York.-The New York Times/ 3.-Jaspers Jons.-Map – 1961-foto Jasoers Jons.-Licenciado por Vaga.-Nueva York.-The New York Times)