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Posts Tagged ‘calle de Toledo’

 

 

“En la madrugada del 6 al 7 de julio de 1631, y al parecer por descuido de un criado, se prendió fuego a un barril de pólvora que un mercader portugués tenía en el sótano de su casa; y fue tan voraz el incendio y creció con tal rapidez – contaban las “Relaciones del siglo XVll” – que “saltando de unas a otras casas, abrasó de todo punto y puso por el suelo veintisiete, que fueron las casas que están en la Real Plaza de Madrid, enfrente de la Panadería, desde la esquina de la calle de Toledo hasta la imperial calle, cuyo pasadizo se cortó y derribó, con que se atajó no saltase  a la parte de la calle de Atocha, y según crecía el fuego, si no se usara remedio, abrasara toda la plaza en su contorno.” Escribe también el autor de la Relación, que el Rey y su valido el Conde Duque se personaron en la plaza desde los primeros instantes del incendio, y que viendo el primero “ que no eran posibles fuerzas humanas a apagar la más mínima parte de él, acudió al remedio verdadero, mandando hacer en solemne procesión a la misma casa a la Santísima Virgen de Atocha y la de los Remedios…, y se colocó un altar en la dicha plaza, y otros altares… y en todos ellos, hasta cerca de la una del día, no cesó de decirse Misa.”

 

 

Un dia  después, el 8 de julio, el Concejo de Madrid, en su Libro de Acuerdos, tomó medidas para atajar el mal y evitar la sustracción de los balcones y antepechos de las casas quemadas o derribadas para cortar el incendio y acordó que “los caballeros regidores que están nombrados para asistir en las partes donde está el fuego para hacerlo matar y hacer apartar los cascotes y tierras se pueda ver si en ellas hay alguna persona, y la hacienda que hubiere la saquen y lleven con sus dueños, y tengan cuenta  todos los maestros y oficiales que anden en ello, acudan con cuidado, porque con la codicia acudieron también gran número de esportilleros y diversas gentes, y todos cargaban con puertas, ventanas, tablas, maderas a medio quemar y pedazos de balcones de hierro “. Se dictó igualmente por el Concejo ese día 8 de julio que, “ ninguna persona pueda tener pólvora  para vender ni para otra cosa dentro de la Villa, sino en los arrabales de ella, y que los coheteros no puedan hacer cohetes  ni ningún género de fuego.”

Sáinz de Robles en su “Autobiogrrafía de Madrid” recuerda que el incendio duró casi tres días, el agua se llevaba con cubos y cántaros, cincuenta casas quedaron en ruinas, permanecieron sin vivienda más  de quinientos vecinos, las pérdidas pasaron del millón de ducados y hubo quince muertos y más de cincuenta heridos.

 

 

(Imágenes-1- incendio en la Plaza Mayor – V centenario/ 2-incendio Plaza Mayor eurofesa/ 3-apunte del incendio- Bne)

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“¿Por qué cerrar el balcón? Se oye lo mismo, se oye más – escribe Eugenio Noel enEspaña, nervio a nervio” – ; parece que vocean y piden más fuerte al enterarse de que el balcón está cerrado. Desembocan en la calle infernal dos de esos voceadores únicos, de los que echan caperuzas o guindas a la Tarasca y que venden a dúo nada menos que polvos matapulgas, chinches, correderas y demás parásitos. Hay que oírles vocear para creerlo. El uno chilla espantosamente; el otro ahueca la voz hasta hacerla profundamente horrenda, y los dos, cada uno por su lado, en inagotable verborrea, recomiendan sus cajas. En seguida entra en la calle el tío de las naranjas, un mozo que echa las naranjas en las cestas de las compradoras gritando cada vez más alto : “! Dos, ocho, y dos más, y seis más, y doce más: este tío se ha vuelto loco, vecinas…!”. Quizá no lo esté él; pero oírle es volverse loco sin remedio. Y después de este energúmeno, aquí tenemos al carrero que vende sus verduras aullando un estupendo “! tía María…!”, frase que repite millares de veces; y a un trapero vagneriano, mejor dicho, stravinkyano, que se anuncia con un extraordinario lujo de disonancias rarísimas y extravagantes; y a una señora que da cacharros por trapos y los paga a quince céntimos el kilo; y a uno que compone paraguas, sombrillas, fuelles y artesones; y a un chico que vende lotes de kilo y medio de pepinos de Leganés; y a un campesino que expende ristras de ajos rojos de Pedroñeras o tempraneros de Chinchón; y a un melonero de Villaconejos; y a la cangrejera “de mar y de río vivos”…

(Imagen -Madrid – Calle de Toledo- 1890)

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Botin.-escaparate.-3.-11 agosto-2009Cuando me acerco al escaparate de Botín parece que viniera Galdós por esta acera y con él toda la novela española del XlX. “La novela está en las calles y en las casas de Madrid, en cada  calle, en cada casa. Allí hay que verla”, dijo uno de sus mejores estudiosos. Efectivamente estoy aquí, delante de Botín, pero sobre todo en medio de “Fortunata y Jacinta“, asomado al capítulo lV de la Primera Parte, y oigo decir a Galdós  hablando de Barbarita, que “como supiera la dama que su hijo frecuentaba los barrios de Puerta Cerrada, calle de Cuchilleros y Cava de San Miguel, encargó a Estupiñá que vigilase, y éste lo hizo con muy buena voluntad llevándole cuentos, dichos en voz baja y melodramática:

Anoche cenó en la pastelería del sobrino de Botín, en la calle de Cuchilleros…¿sabe la señora? Tambien estaba el señor de Villalonga y otro que no conozco, un tipo así…¿cómo diré? de esos de sombrero redondo y capa con esclavina ribeteada. Lo mismo puede pasar por un randa que por un señorito disfrazado“.

Botín.-2.-11-agosto.-2009

Entonces doy unos pasos hacia atrás para ver el establecimiento desde más lejos. Esta “Antigua Casa Sobrino de Botín” se encuentra en la calle de Cuchilleros y Pedro Ortíz Armengol, el máximo especialista en “Fortunata“, recuerda que la tal Casa alega su antigüedad de 1590, si bien el actual edificio y el horno de asar datan de 1725. Hacia 1860 (Galdós escribeFortunata y Jacintadesde diciembre de 1855 hasta junio de 1887) se instaló en la planta baja pastelería, subsistiendo el horno de asados. Una y otra la menciona Galdós en muchas ocasiones, puesto que el novelista conoce al detalle todos estos sitios. ·En “Fortunata y Jacinta” ,  novela que se desarrolla en 1869-76, la Plaza Mayor es una plaza venida a menos – dice Armengol -, es la recién destronada, pero todavía con un bien vivo prestigio centenario. En ella y en sus aledaños ocurren cien cosas: junto a la Casa de la Panadería, en Cuchilleros, Arco de 7 de Julio, calle de Felipe lll, la de Toledo, el propio monumento al rey Felipe…Pero ,sobre todo, los balcones de Estupiñá y, encima, la barandilla de la terraza de la casa número 11 de la Cava, con trasera – que es delantera – a la Plaza…”.

Plaza Mayor.-agosto.-2009

Antes de que vengan los turistas cruzo la Plaza Mayor, es decir,  cruzo del siglo XlX al XXl. Dejo a un lado la historia de los tres grandes incendios que sufrió esta Plaza: el de 1631, el de 1672 y el de 179o. El humo de tantos acontecimientos cambió aquellas casas primeras de madera y de 75 pies de altura, aquellos sótanos abovevados y las fachadas de ladrillo rojo visto a las que se abrían los balcones. Desde tales balcones se contemplaron toros, cañas y autos de fe. La servidumbre de los inquilinos de aquellos balcones obligaba a cederlos para su distribución por riguroso turno de jerarquía  y etiqueta o bien para ser vendidos como localidades. Balcones como ojos, ojos de cristal, ojos que miran el rostro del tiempo.

Paso, pasa mi tiempo ante esos balcones. Voy hacia el Mercado de San Miguel.

Mercado de S. Miguel.-1 Al entrar enseguida en este Mercado de San Miguel, el único mercado de hierro que ha llegado hasta nuestros días, el siglo XXl es ya plena gastronomía. Galdós hubiera escrito páginas memorables sobre este recinto de planta baja con estructura metálica de soportes de hierro fundido que ahora se ha remozado y desde cuyo interior se mezclan colores y olores  inusitados. Los turistas que se han asomado al XlX en Botín y que han cruzado platos y mesas del XX vienen ahora a ver qué se come aquí, en el siglo XXl. Madrid siempre ha brillado en gastronomía. Por la mañana -según el tiempo – la ciudad se ha desayunado con aguardiente y churros, con chocolate y buñuelos; las comidas Madrid las ha hecho muchas veces con sopa de pan, cocido madrileño, requesón de Miraflores con azúcar, rosquillas de Fuenlabrada, vino de Arganda. Otros madrileños han preferido la tortilla de escabeche de bonito con ensalada de huevos, tomate y pimientos; al fin, si era también su tiempo, una sandía. Otros, en la mesa de al lado, escogieron callos a la Madrileña, ensalada, bartolillos de crema, melón de Villaconejos. Y aún hubo quien se decidió por la ensalada de berros del Lozoya, el besugo a la Madrileña y acabó con el requesón de Miraflores con fresas de Aranjuez y unas almendras de Alcalá, de las monjas de San Diego.

Al fin  se retiraron los platos y yo me retiré también hacia la Cava de San Miguel dando un paseo, para ver más cosas.

(Imágenes: Madrid, agosto 2009 : 1.-detalle del escaparate de “Botín”/ 2.-fachada del restaurante “Sobrinos de Botín”/ 3.-Plaza Mayor/ 4.-Mercado de San Miguel en la actualidad.- fotos JJP)

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MADRID.-PLAZA MAYORGustavo Adolfo Bécquer tenía su tertulia de amigos en el café Suizo. – cuenta Emilio Carrere – Eran todos gente de letras, o por lo menos de “chispa” (…), los mismos que, siendo ya viejos, fundaron aquella revista llamada “Gente Vieja“, que trinaba gallardamente con voz joven y enteriza entre el coro de cornejas del 98. Pero si el Suizo era la tertulia – el pasatiempo – de Gustavo Adolfo, este rincón del café del Prado era la íntima soledad. No es muy aventurado decir que aquí escribió sus Rimas. (…) Ante una mesa que hubo aquí escribió sus Rimas, sin pensar que algún dia habrían de publicarse. Eran lo íntimo – los fantasmas internos de su pensamiento -, a los que él sabía poner un nombre de mujer: Julia, Casta, Alejandra. Ninguna de las tres resulta simpática en la dolorosa biografía del poeta. Una se burlaba de su pobreza: “¡Por Dios! ¿Cómo quieren ustedes que yo pueda enamorarme de un  hombre que se abrocha la chaqueta con imperdibles?”. Así hablaba la musa de “Las golondrinas“, segun cuenta en un interesante artículo de “El EspañolJuan Antonio de Laiglesia. Otra es la que dice que “una oda sólo es buena, – de un billete de Banco al dorso escrita”. Y la tercera, la que era “coqueta mudable y caprichosa”, tal vez Alejandra, “la que era tan hermosa”, una rústica pueblerina de la provincia de Toledo”.Becquer.-por Valeriano Bécquer

“En este rincón, día tras día – sigue contando Emilio Carrere en “Madrid en los versos y en la prosa de Carrere” ( Edición del Ayuntamiento de Madrid, 1948) – fue escribiendo sus Rimas con una pluma tosca y un tinterillo de “recado” de escribir. (…) Pero hubo una rima que no está en las Rimas. Conservaba el autógrafo el viejo escritor Eduardo de Lustonó. La más sincera, reveladora y triste:

“Una mujer envenenó mi alma;

otra mujer emponzoñó mi cuerpo;

ninguna de las dos vino a buscarme;

yo de ninguna de las dos me quejo.

Como el mundo es redondo, el mundo rueda;

si, rodando, algún día este veneno

emponzoña a  su vez, que no me culpen:

¿puedo dar más que a lo que a mí me dieron?”.

CALLE  DE  TOLEDO.-MADRID

(Vaya este pequeño recuerdo del Madrid antiguo, de los viejos poetas, de las calles estrechas, de las plazas abiertas, cuando acaba de evocar Juan Pedro Quiñonero enUna temporada en el infiernoel nombre de Carrere, aquel bohemio, que fue gran amigo de mi abuelo materno, José Ortíz de Pinedo)

(Imágenes:- 1 Plaza Mayor de Madrid/ 2.-Gustavo Adolfo Bécquer, por Valeriano Bécquer/ 3.-madrileña calle de Toledo)

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madrid-puerta-del-sol-1877

Madrid se nos aparece en la Historia, asoma entre los textos de literatos y periodistas, muestra de pronto las capas de su pasado, todos los sótanos ocultos bajo plazas y calles, y la mirada y la pluma de los que escribieron nos cuentan otra vez los cotidianos paseos de los que observaban, anotaban, iban contando a todas las gentes – a todos los lectores – cuanto ocurría. 

Así Larra, el gran periodista – tan vigente hoy con su ojo en observación -, querrá narrarnos el Madrid del XlX :

“La mirada de este gran escritor de costumbres se fijará, por ejemplo, en la actividad periodística descendiendo a situaciones que él retrata con gran visión cómica: “¿Quién me responde ‑se pregunta‑ de que algún maldito yerro de imprenta no me hará decir disparate sobre disparate? ¿Quién me dice que no se pondrá Camellos donde yo puse Comellas, Torner donde escribí yo Forner, ritómico donde rítmico y otros de la misma familia? ¿Será preciso imprimir yo mismo mis artículos? ¡Oh qué placer el de ser redactor! ¡Santo cielo! ¿Y yo deseaba ser periodista? Confieso como hombre débil, lector mío, que nunca supe lo que quise: juzga tú por el largo cuento de mis infortunios periodísticos, que mucho procuré abreviarte, si puedo y debo con sobrada razón exclamar ahora que ya lo soy: ¡Oh, qué placer el de ser redactor!” madrid-calle-de-toledo-1890 

 “Como a aquellas horas ‑escribe Larra el 12 de diciembre de 1834 en su artículo “La vida en Madrid“‑ no tengo ganas de volverme a dormir, dejo los periódicos; me rodeo al cuello una echarpe, me introduzco en un sobretodo, y a la calle. Doy una vuelta a la Carrera de San Jerónimo, a la calle de Carretas, del Príncipe y de la Montera, encuentro en un palmo de terreno a todos mis amigos que hacen otro tanto; me paro con todos ellos, compro cigarros en un café, saludo a alguna asomada y me vuelvo a casa a vestir.

¿Está malo el día? El capote de barragán; a casa de la marquesa hasta las dos, a casa de la condesa hasta las tres, a la tal otra casa hasta las cuatro; en todas partes voy dejando la misma conversación; en donde entro oigo hablar mal de la casa de donde vengo y de la otra adonde voy; ésta es toda la conversación de Madrid.

¿Está el día regular? A la calle de la Montera. A ver La Gallarde o a Tomás. Dos horas, tres horas, según. (…)

¿Está muy bueno el día? A caballo. De la puerta de Atocha a la de Recoletos, de la de Recoletos a la de Atocha. Andado y desandado este camino muchas veces, una vuelta a pie. A comer a Genieys o al Comercio; alguna vez en mi casa; las más fuera de ella.

¿Acabé de comer? A Solito. Allí dos horas, dos cigarros y dos amigos. Se hace una segunda edición de la conversación de la calle de la Montera. ¡Oh! y felizmente esta semana no ha faltado materia. Un poco se ha ponderado, otro poco se ha… Pero, en fin, en un país donde no se hace nada, sea lícito al menos hablar.

(…)

Acabado el teatro, si no es noche de sociedad, al café otra vez a disputar un poco de tiempo al dueño. Luego, a ninguna parte. Si es noche de sociedad, a vestirme; gran toilette. A casa de E… Bonita sociedad, muy bonita. Ello sí, las mismas de la sociedad de la víspera, y del lunes, y de…, y las mismas de las visitas de la mañana, del Prado, y del teatro, y…; pero lo bueno, nunca se cansa uno de verlo.

‑¿Y qué hace usted en la sociedad?

‑Nada; entro en la sala; paso al gabinete; vuelvo a la sala; vuelvo a salir al gabinete…

‑¿Y luego?

‑Luego, a casa, y ¡buenas noches!madrid-vista-desde-san-ididro-1875

Esta es la vida ‑termina Larra su artículo‑ que de sí me contó mi amigo. Después de leerla y de releerla, figurándome que no he ofendido a nadie y que a nadie retrato en ella, e inclinándome casi a creer que por ésta no tendré ningún desafío, aunque necios conozco yo para todo, trasládola a la consideración de los que tienen apego a la vida.” (“El artículo literario y periodístico“, págs 44-45)

(Imágenes: 1.-Madrid.-Puerta del Sol, en 1877/-2.-Madrid- calle de Toledo, en 1890/- 3.-Madrid visto desde la Pradera de San Isidro, en 1875)

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