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Posts Tagged ‘Beetehoven’

 

 

“La escultura de Oceanía, los relieves jemeres, las tallas esquimales, la primitiva polifonía medieval pueden entrar en nuestros hogares con sólo pulsar – literalmente – un botón. La “gran” pintura se reproduce sin fin; existen hasta treinta grabaciones de la misma obra de Beethoven o Chaikovski; los “clásicos” aparecen en múltiples ediciones”‘.

Así lo va recordando George Steiner en “Presencias reales” iluminando  el tema de los gustos y las artes. ” Como nunca antes, los “grandes libros”, las obras preeminentes de los maestros de la música y las artes, son accesibles y ampliamente comunicados. Sin embargo, esta accesibilidad y este consenso disminuyen el potencial de encuentro inmediato con la experiencia estética. En cualquier sociedad concreta es pequeño el número de seres humanos que se preocupan en profundidad por la literatura, la música y las artes;  para quienes semejante preocupación comporta una inversión y una apertura del ser verdaderamente personales (…) El visitante  medio de museo, el lector intermitente de poesía o de prosa exigente, el asistente al concierto de música clásica y contemporánea tal como se interpretan, emiten o graban, participan en un rito de encuentro y respuesta que, tras el período de educación secundaria y, posiblemente, terciaria, en la cual a semejante encuentro le pueden haber sido asignadas sus funciones culturales y sociales, pertenece menos a la esfera del compromiso que a la del decoro. Además, en numerosas sociedades, incluso esta participación selecciona sólo a los privilegiados. En caso de gozar de libertad de voto el grueso de la humanidad elegirá el fútbol, la serie televisiva de sobremesa y el bingo por encima de Esquilo“.

 

 

(Imágenes – 1- Guy Péne Du Bois– 1926/ 2.- Robert Doisneau- 1950)

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“La pérdida de de oído, la sordera, que en Roma se aplicaba irónicamente a los solitarios y apartadizos – nos recuerda Ramón Andrés en su magnífico libro “El mundo en el oído – incide en una desconexión de la realidad inmediata, propicia el alejamiento y la nostalgia de un mundo perdido al que ya no es posible retornar”.(…) Heidegger reparó en el hecho de que cuando decimos que no hemos oído bien, en realidad estamos señalando que no hemos “comprendido”. (…) Resulta del todo natural que compositores como Ludwig van Beethoven o más tarde Bedrich Smetana, aquejados por la sordera, se sumieran en la melancolía”.

Oliver Sacks ha querido acercarse y analizar el mundo de los sordos en “Veo una voz” (Anagrama) y ya en “Musicofilia” había relacionado sordera y música. “Incluso las personas que padecen sordera profunda – recordaba allí – podrían tener una musicalidad innata. Los sordos a menudo aman la música, y son muy sensibles al ritmo, que sienten en vibraciones, no de sonidos. La aclamada percusionista Evelyn Glennie padece una sordera profunda desde los doce años”.

Ramón Andrés comenta muy bien el tema del silencio en un interesante video que recuerdo aquí.

Y el poeta y trapense Thomas Mertondesde la soledad de su Abadía de Getsemaní, en Kentucky, evocaba que “la humildad reza y halla el silencio a través de las palabras. Pero como es natural en nosotros pasar de las palabras al silencio, y del silencio a las palabras, la humildad es silenciosa en todas las cosas. Incluso cuando habla, la humildad escucha. ( …) Si derrochamos nuestra vida en palabras inútiles, nunca oiremos nada, nunca seremos nada y, finalmente, porque hemos dicho todo antes de tener algo que decir, nos quedamos sin habla en el momento de nuestra mayor decisión. Pero el silencio está orientado a esa declaración final”.

(Imágenes.-1.-Giancarlo Rado.-el violonchelista.-facebook.com/ 2.-André Kertéstz.-Hungría 1916/ 3.- Thomas Merton tocando música.- 1968.-Ralph Eugene Meatyard.-metamuseum.org/ 4.-retrato de Thomas Merton cerca de la Abadía de Getsemaní, pintado por su amigo y biógrafo Ed Rice)

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Los dedos de Liszt no eran dedos humanosrecordaba Saint- Saëns evocando palabras de Olga Janina pero nada más fácil que andar por la vía que él trazó, y, de hecho, todo el mundo camina por ella.(…) En oposición con Beethoven, que, despreciando la fatalidad fisiológica imponía a los dedos contrariados y sobrecargados su voluntad tiránica, Liszt los coge y los ejercita según su naturaleza para obtener de ellos sin violentarlos, el máximo efecto que pueden producir; y por esto su música, que tanto asusta a primera vista a los tímidos, es en realidad menos difícil de lo que parece“.

En la entrevista imaginaria que hace a Liszt Charles D. Isaacson en “Cara a cara con los grandes músicos” – entrevista imaginaria como la que hicieran con personajes de la Historia y de la Literatura los italianos Papini con Wells o Bernard Shaw, Manganelli con Dickens o Marco Polo (“A y B”) (Anagrama) y Calvino con Moctezuma o Henry Ford (“La gran bonanza de las Antillas“) (Tusquets) entre otros -, no se nos habla específicamente de sus manos, pero Isaacson, al saludar a Liszt, se detiene un momento en “sus dedos suaves y pulcros, que en tiempos sacaban fuego y truenos del teclado de un sencillo piano y en el rostro sonriente, los ojos de mirada acariciadora, el cabello largo, blanco, peinado hacia atrás desde la frente...”.

Son esos dedos los que habrán recorrido el piano vertiginosamente, a veces tumultuosamente, levantando pálpitos de agua igual que sonidos, dedos extendidos sobre el lago de las teclas, palpando esos serenos lagos por los que Liszt tiene tanta predilección. ” Lagos – le escribirá a Carolyne Wittgenstein en 1853 –con los que tengo una gran intimidad. Ellos están en armonía con el tono de ensoñación que me es mucho más habitual que el de los grandes ríos o que el Océano; su estabilidad un poco monótona siempre me retiene. Y las confidencias secretas del alma se expanden dulcemente en el murmullo secreto de sus olas y con frecuencia con ellas me dejo aconsejar”.

(Pequeño apunte sobre el músico en el año 2011, el Año Liszt))

(Imágenes:- 1.-concierto dominical en casa de Liszt en 1882 ante los grandes duques Carlos Alejandro y Sofía.-wikipedia/2.-Franz Liszt en los últimos meses de su vida.-foto Nadar.-wikipedia)

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rostros.-33885.-por Marcel van Eeden.-2009.-Galerie Michael Zink.-artnet

“¿Se vuelve uno más sabio con la edad? ¿Y si la edad y una salud precaria no dan lugar a la serenidad de la madurez?”. Estas preguntas se las hace el gran crítico literario Edward W. Said, nacido en Jerusalén en 1935 y muerto hace seis años. En su obra póstuma “Sobre el estilo tardío” (Debate), Said alude a tres edades del artista: una primera edad, que es la de un proyecto de creación o de descubrimiento de un mundo nuevo; un segundo momento, que significa la continuidad en la obra; y un momento tercero, que es en el que Said se detiene más: el último periodo de la vida o decadencia del cuerpo:”el deterioro de la salud – dice – u otros factores que, incluso en el caso de una persona joven, dejan entrever la posibilidad de un final prematuro“. El gran ensayista palestino analiza de forma más detallada este momento ya que es el que más le afectaba personalmente, aquejado como estaba de una grave enfermedad que le llevó a su final. Es esa edad tercera en la  que Said ve luces y  sombras ante lo que se ha dado en llamar el “estilo tardío“. Las últimas obras de Ibsen, por ejemplo, recuerda Said, no transmiten precisamente serenidad; dejan entrever la imagen de un artista furioso y trastornado, provocando más ansiedad, dejando al público más perplejo y descolocado de lo que estaba antes.

Giuseppe Verdi.-1.-wfc.no.-Generic Concerts

Sobre la enfermedad y el arte ya escribí en Mi Siglo:  Klee y Matisse, entre tantos otros. También sobre los cuadros últimos que muchas veces resumen una vida colmada. Pero aquí Edward Said evoca nombres variados: un “Edipo en Colono” de Sófocles, por ejemplo, en donde el retrato que se hace del héroe anciano es el de un hombre que ha conseguido una santidad extraordinaria; un “Otelo” o un “Falstaff” de Verdi, obras de sus últimos años, que no rezuman un espíritu de sabia resignación, sino ” una energía renovada y casi juvenil, una apoteosis de fuerza y creatividad artística”. Por su parte, Rembrandt, Bach, Wagner, coronan en sus obras tardías una vida entera de esfuerzo, y en cambio -comenta Said – en lo que se ha llamado “el tercer período de Beethoven (las cinco últimas sonatas para piano, la Novena Sinfonía, la “Missa solemnis“, los seis útimos cuartetos para cuerda, las diecisiete bagatelas para piano), se percibe el momento en que el artista, a pesar de ser dueño absoluto de su medio, abandona la comunicación con el orden social establecido y alcanza una relación contradictoria y alienada con él”.

Thomas Mann.-1.-libraries.uc.edu

“El arte de Beethoven, y de las templadas regiones de la tradición – se lee en el “Doktor Faustus” de Thomas Mannse elevó, ante los ojos asustados de sus contemporáneos, a esferas que son del exclusivo dominio de la Personalidad, de un yo aislado dolorosamente, aislado incluso del mundo sensorial por la pérdida del oído, príncipe solitario de un reino espiritual, libre de extraños testigos, incluso los más benévolamente dispuestos, cuyos pavorosos mensajes sólo por excepción y en contados momentos eran comprendidos“.

Cuando se llega a esa edad tercera, que a veces coincide con la sabiduría primera, puede alcanzarse también lo que Said comentó de Brahms en otro libro suyo, “Elaboraciones musicales“: a esa edad – dijo – “siguen existiendo el placer y la intimidad y puede lograrse, como consiguió Brahms, “la música de su música“, la música íntima que perdura cuando se han hecho todas las concesiones a la política y la economía de cualquier arte mundano“. 

Picasso.-2.-auorretrato 30-6-1972.-elcalamo.cvom

A esa edad igualmente el rostro del artista se atreve a acercarse ante el espejo y el espejo le transmite en pintura lo que él no quiere ver de su rostro. El 30 de junio de 1972 Picasso pintó lo que podría considerarse su último autorretrato. El célebre ojo de Picasso permanece aquí fijo, taladrando el fin de una vida. No es una creación casual, y así lo ha reconocido Valeriano Bozal en un extraordinario ensayo, “Picasso clásico. La pintura del viejo” (“El realismo“) (Fundación Mafre). Reonocemos la consistente bóveda craneana  de Picasso, sus ojos poderosos, su nariz, los labios y el mentón, y todo ello impresiona por su “deformidad”. “El tiempo, como decrepitud física, se impone aquí en todos los ámbitos que a él pretendían escapar – dice Bozaly que durante tantos años parecían haber escapado (…) Revela ahora lo que guardaba en su interior: pudo expulsarlo todo menos la temporalidad que en él anidaba“.

Sabiduría y edad. Seguramente lo más difícil sea ajustar en cada momento la sabiduría a la edad y ,sobre todo, aprender bien pronto en qué consiste la sabiduría.

(Imágenes:.-1.-Marcel van Eeden.-2009.-Galerie Michael Zink.-artnet/.-Giuseppe Verdi.- wfc.no.-/ 3.-Thomas Mann.-libraires. uc.edu/ Picasso.-autorretrato del 30-6-72.- Fuji Television Gallery.-Tokio)

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