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Posts Tagged ‘Atkinson Grimshaw’

 

 

“ Yo siempre he vivido – decía Ingmar Bergman – en el medio teatral, y el teatro siempre es una comunidad. Cuando se monta una obra, uno se siente,de la manera más extrema, parte integrante de esa comunidad. En el teatro, los actores jamás están sometidos al capricho de los directores. Por el contrario, en el teatro pueden oponerse, rechazar, rebelarse de una manera muy eficaz. Yo he sentido, sin embargo, la soledad de otras formas, pero nunca en el campo profesional. Conozco un gran director de orquesta que cierta vez hablaba precisamente de la soledad que sentía ante la orquesta.  Eso nunca me ha ocurrido, ni en el teatro ni en el plató, con los actores y los técnicos. Yo nunca he sentido nunca esa forma de soledad. En la vida privada, sí, y precisamente por ello siempre he vuelto al grupo, a la comunidad, aunque sea ilusoria.”

 

 

La publicación ahora del primer volumen de sus “Cuadernos de trabajo” (1957- 1972) nos presenta una vez más los altibajos interiores de Bergman, sus exaltaciones y depresiones. Soledad y sueños entre muchas otras cosas. Ya en una de sus primeras películas, “Buque para la India”, un personaje, Sally, decía: “ No puede uno quedarse solo, si no, da igual estar muerto”. Y el mismo Bergman confesaba: “Lo importante es no estar solo”.

 

 

En cuanto a los sueños, reconocía que “ningún arte, pintura y poesía incluida, pueden comunicar tan bien como el cine la naturaleza específica del sueño. Cuando la sala se queda a oscuras, y aparece ese cuadrado blanco y brillante, nuestra mirada se fija, está inmóvil, no oscila a derecha ni a izquierda, estamos sentados en un sillón y las imágenes se suceden ante nosotros, nuestra voluntad flaquea poco a poco, deja de funcionar progresivamente, cada vez somos más incapaces de seleccionar y situar los acontecimientos, nos vemos arrastrados a una ficción y todos participamos en un sueño. Y fabricar sueños, es una cosa bastante interesante. Yo sueño muchísimo. A veces recuerdo sueños y los anoto, cuando creo que son utilizables. Otras veces, cuando sueño, me digo:”!Oh, tienes que acordarte de este sueño para hacer un film.” Es una deformación profesional.”

(Imágenes -1- Fresas salvajes, de Bergman / 2- Jerry N Uelsman/ 3-Atkinson Grimshaw)

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Londresescribe Dickens enCasa desolada” -:  Hace poco que ha terminado la temporada de San Miguel, y el Lord Canciller en su sala de Lincoln `s Inn. Un tiempo implacable de noviembre. Tanto barro en las calles como si las aguas acabaran de retirarse de la faz de la Tierra y no fuera nada extraño encontrarse con un megalousaurio de unos 40 pies chapaleando como un lagarto gigantesco Colina de Holborn arriba”,

“Humo que baja de los sombreretes de las chimeneas – prosigue Dickens – creando una llovizna negra y blanda de copos de hollín del tamaño de verdaderos copos de nieve, que cabría imaginar de luto por la muerte del sol. Perros invisibles en el fango. Caballos, poco menos que enfangados hasta las anteojeras.

Peatones que entrechocan sus paraguas, en una infección general de mal humor, que se resbalan en las esquinas, donde decenas de miles de otros peatones llevan resbalándose y cayéndose desde que amaneció ( si cupiera decir que ha amanecido) y añaden nuevos sedimentos a las costras superpuestas de barro, que en esos puntos se pega tenazmente al pavimento y se acumula a interés compuesto”.

Son los tiempos metereológicos envolviendo y afectando a los hombres, que Dickens eleva metafóricamente y que David Lodge ha analizado de modo certero enEl arte de la ficción“. “Jamás podrá haber una niebla demasiado densa, jamás podrá haber un barro y un cieno tan espesos – había escrito Dickens -como para concordar con la condición titubeante y dubitativa que ostenta hoy día este Alto Tribunal de Cancillería, el más pestilente de los pecadores empelucados que jamás hayan visto el Cielo y la Tierra”. Es el ómnibus londinense de Schillibeer, carro tirado por tres caballos, capaz de transportar a dieciocho personas, que ha empezado a funcionar en 1829. Son las tres líneas de tranvía tirado por caballos que arrancarán su carrera en 1869. Son las 369 cloacas y corrientes residuales que desaguan en el río Támesis. Es el pestilente olor del río en el largo y tórrido verano de 1858 en el que el cólera vuelve a brotar. Son los 35.000 bañistas y 49.000 persona que se sirven de las lavanderías y baños públicos. Es el Londres pintoresco e insalubre.

Es este Londres de nieblas, suciedad y podredumbre, azotado por “el tiempo implacable de noviembre“, el que discurrirá por las calles de Dickens, por los párrafos de sus casas y las ventanas de sus frases, hasta que la vida inglesa del siglo XlX pase ante los ojos de los lectores de modo tan vivo que las páginas de The Times, en 1870 – cuando muera el escritor -, afirmarán:  “Políticos, hombres de ciencia, filántropos, reconocidos bienhechores de su raza desaparecerán, y, sin embargo, no dejarán el vacío que ha causado la muerte de Dickens“.

(Pequeña evocación al celebrarse el año Dickens)

(Imágenes:- 1.-Londres 1905.-Edward Steichen/2.-Londres 1905-1907.-T F Simon/ 3.-Londres en el siglo XlX.-micafeina.com/4-Luz de luna en Cornhill.-1885.-Atkinson Grimshaw/ 5.- .-Dickens.-por Frith.-1859)

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“Soñé que estaba de pie en lo alto de una torre elevadísima, solo, contemplando desde arriba miríadas de aves que volaban en una direccción. Estaban allí todas las especies de aves, todas las aves del mundo. Era un noble espectáculo aquel vasto y aéreo río de aves. Pero, de pronto y de manera misteriosa, cambió el engranaje y el tiempo se aceleró, de modo que vi generaciones de aves, las vi romper los cascarones, nacer a la vida, debilitarse, vacilar y morir. Las alas solo crecían para arruinarse; los cuerpos eran lisos y lustrosos, y luego en un abrir y cerrar de ojos, sangraban y se consumían, y la muerte hería por doquier a cada segundo. (…) Pero el engranaje volvió a sufrir un cambio y el tiempo corrió aún más deprisa, y con tal velocidad lo hacía, que no se percibía en las aves el menor movimiento, asemejándose a una enorme llanura sembrada de plumas. Sin embargo, por aquella llanura, oscilando entre los cuerpos, pasaba ahora una especie de llama blanca, temblando, danzando, apresurándose luego. Y, tan pronto como la vi, comprendí que aquella llama era la vida misma, la quintaesencia del ser…”.

J.B. Priestley: “El hombre y el tiempo“.

(Imágenes:- 1 .-Henry Peach Robinson.-1857.-The Metropolitan Museum of Art.-scholars resource/ 2.-Lady of Schalott.-Atkinson Grimshaw.-victorianweb)

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