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Posts Tagged ‘Albert Anker’

comer-uxzx- vida cotidiana-Albert Anker

 

“Las dimensiones de la cocina y su simbolismo  ( como así quise recordarlo hace tiempo en un artículo) , han sido motivo literario de interés en muy diversos  autores. En el siglo XX, un dramaturgo inglés de la década de los cincuenta – compañero de John Osborne, de  John Arden  y de Ann Jellicoe, perteneciente por ello al llamado “teatro de la ira”  – , el escritor Arnold Wesker,  termina  su obra “La cocina” en 1958. Esa pieza teatral  muestra un día en la vida de quienes trabajan en las cocinas de un restaurante grande. La  jornada está repleta de incidentes y la intención del autor es demostrar  qué sucede cuando la gente permanece encerrada y se encuentra constantemente frustrada y limitada. Marango, el propietario de ese restaurante, expone al final de la obra: “No sé qué más darle a un hombre. Trabaja, come, le doy dinero. Esto es la vida, ¿no es así? No he cometido un error, ¿verdad? Vivo en el mundo correcto, ¿no es así?… ¿Qué más hay? ¿Qué más hay?”, se pregunta.  Pero el mismo autor responde en una de sus acotaciones a la obra: “Hemos visto que tiene que haber algo más”.

 

comer- byu- Peter Blume- mil novecientos veinisiete

 

Wesker – que estuvo empleado en una cocina antes de dedicarse al teatro y que conocía muy bien ese mundo – utiliza el escenario de la cocina lo mismo que lo haría con una  oficina o con una gran  fábrica. Los afanes, las ambiciones, las  pasiones y sentimientos de todo tipo emergen entre fogones, fregonas y proveedores de diferentes nacionalidades, entre la autoridad del chef, los cocineros, pinches, camareros y pilas de platos y bandejas. Wesker aspira a ser un artista del pueblo y para el pueblo e  intenta captar la atmósfera externa y la motivación interna, y por tanto lo que vemos en el escenario es el febril ir y venir de menús que se encargan, a la vez que asistimos a todas las tensiones de una especial lucha de clases. El mundo – dijo  Wesker cuando explicó   su obra a los directores teatrales – pudo ser un escenario para Shakespeare,  pero para mí es una cocina en la cual entra y sale gente, sin que nadie permanezca el tiempo necesario para llegar a una comprensión mutua, y donde las amistades, los amores y las enemistades se olvidan con la misma rapidez con que se crean.

 

interiores.-5eed.-Francoise Bonvin.- la cocina.-Museo Telfair.-Essex.-Estados Unidos

Arnold Wesker quiso hacer un paralelismo entre la cocina y la vida pero las limitaciones de las que fue acusado por algunos críticos respondían a ciertos desajustes en su realidad teatral. Quiso forzar demasiado esa realidad en escena para que encajara todo en su denuncia. Sin embargo, como motivo literario la cocina sí  estaba ahí. Por tanto, no sólo la gastronomía se ha alineado como tema literario a lo largo de los siglos sino también la cocina y sus muchos materiales, su instrumental preciso y  su utilitaria decoración. La palabra “gastrónomo”, vocablo derivado del griego y que no aparece hasta principios del XlX  (y por tanto tampoco la gastronomía)   ha generado diversas obras en la literatura, pero diríamos que igualmente lo ha hecho, por ejemplo,  la evolución  de los medios de cocción,  e incluso sus olores, que han ido atrayendo  como motivo literario a muy diversos  escritores. Cuando Patrick Süskind en “El perfume” nos cuenta las andanzas de Jean-Baptiste Grenouille en el siglo XVlll,  habrían podido transmitirse igualmente por otros novelistas  los olores anteriores del siglo  XV, que  en absoluto fueron  los del  XVl. Se ha comentado que levantando las tapaderas de la Edad Media, “la nariz siente un áspero vapor cárneo, con olores de clavo, azafrán, pimienta, jengibre y canela. En cambio, ante los pucheros renacentistas, la nariz aspira una dulce y afrutada bruma de azucar cocido y jugo de pera o grosella, a punto de hervir juntos, silenciosamente”. La Edad Media, pues, fue la era de los estofados condimentados y el Renacimiento lo sería de las golosinas.

 

comer-nnhu-mercado- vida cotidiana- Renato Guttuso- mil novecientos setenta y cuatro

 

Hemos visto en las  pantallas cinematográficas secuencias muy cuidadas respecto a ciertos detalles históricos que nos han asombrado muchas veces por su reconstrucción en imágenes. Grandes películas con grandes banquetes, pero también con grandes cocinas. Es indudable que las figuras de los grandes cocineros y de los chefs, además del cortejo de sirvientes entrando con  fuentes rebosantes en inmensos salones engalanados, han atraído a los artistas. En el siglo XV, por ejemplo, en la corte de los duques de Borgoña (así lo cuenta La Marche, autor de una muy conocida crónica sobre Dijon), existía una enorme cocina de siete chimeneas en el palacio ducal, y el cocinero se sentaba sobre un sitial elevado, desde el que se podía vigilar al ejército de pinches, ayudantes, asadores y soperos. Con una gran cuchara de madera en la mano, degustaba todas las salsas y sopas que salían de la cocina. Y en las grandes ocasiones, como recuerda Jean-Francois Revel, hasta él mismo se movilizaba para servir al duque con una gran antorcha en la mano, lo cual ocurre cuando, al comparecer el primer arenque fresco, se sirve la primera trufa.

 

objetos-bun- cocina- Felix Vallotton- mil novecientos veinticinco

 

Es lógico que tales estampas fascinaran igualmente a escritores y  a directores de cine. Antoine Carême describe así una cocina en pleno ajetreo: “Imaginaos una gran cocina del tipo de la del Ministerio de Relaciones Exteriores, o sea para grandes cenas, y ver allí a unos veinte cocineros yendo y viniendo, moviéndose con presteza en ese abismo de calor. Añadid a esto una carga de carbón quemándose sobre las astillas para la cocción de las entradas y otra, sobre los hornos, para las sopas, salsas, estofados, frituras y el baño-maría. Agregad un cuarto de carga abrasada, delante de la cual giran  cuatro espetones en uno de los cuales gira un solomillo de 45 a 60 libras, en otro un cuarto de ternera de 35 a 45 libras y los dos restantes con aves y caza. En esa hoguera todos se mueven con rapidez, no se oye ni un soplo, sólo el chef tiene derecho a que se le escuche, y a su voz todos obedecen. Como si hubiera poco calor, durante casi  media hora hay que cerrar puertas y ventanas para que el aire no enfríe el servicio. Lo que de verdad nos mata es el carbón”.

 

comer-iunnb-el pastelero- Auguste Sander- mil novecientos veintiocho

 

Detrás de todo ese espectáculo  – y alrededor – estaban las cocinas. Ellas han acompañado obligatoriamente a cuantas innovaciones han ido aportando los siglos. A la gran revolución, por ejemplo, que  en materia de postres  tuvo lugar a finales del XVll con la generalización de los helados, del té, procedente de China, del café que venía de Arabia o  del chocolate originario de América. Y también, en el mismo siglo XVll,  con aquella sorprendente  obsesión, casi  locura, por los guisantes que hizo escribir  nada menos  a Mme de Sevigné : “El tema de los guisantes continúa, la impaciencia por comerlos, el placer por haberlos comido y la alegría de seguir tomándolos son las tres preocupaciones de nuestros príncipes desde hace tiempo”.

 

comida.-99uuyr5.-por Laura Letinsky.-2007.-Yancey Richardson Gallery.-New York.-phtogarfie.-artneta

 

(Imágenes.-1.-Albert Anker/ 2.- Peter Blume– 1927/ 3.- Francois Bouvin- museo Essex- Estados Unidos/ 4.- Renato Guttuso- 1974/ 5.-Felix Vallotton- 1925/ 6.- August Sander- 1928/ 7.- Laura LetinskyYancey Richardson Gallery)

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periódicos-vvbbn-Albert Anker

 

“En esta ociosa vagancia me ha cogido el sábado, mi querido Munilla escribe José Zorrilla al Director de “Los Lunes de El Imparcial” en “Recuerdos del tiempo viejo” – sin  haber escrito ni acordarme de escribir una palabra del artículo de mañana (…) El lunes, satisfecho de haber publicado y cobrado mi artículo, me salí al sol a espaciar el ánimo y a descansar del trabajo hecho. Los martes son malos días para empezar negocio ni labor alguna: el miércoles me volví a salir al sol para prepararme a oír por la noche en el Ateneo al Sr. Moreno Nieto, a quien voy siempre a escuchar cosas que yo no sé (…) El jueves continué paseándome al sol, para rumiar lo oído al señor Moreno Nieto; y a las siete y media  (costumbre mía de los jueves) me senté a la mesa de la condesa de Guaqui (…); recibe conmigo a su mesa los jueves esta gentilísima señora al prodigio de memoria, de erudición y de precocidad, el joven Menéndez Pelayo (…) Puede usted

 

periódicos- Maria Paulova

 

 

comprender que no tendría perdón de Dios si empleara los viernes en otra cosa que en saborear los recuerdos, en prosa y en verso, del salón de aquella condesa Carmen, con la cual no tienen flor comparable ninguna de los Cármenes escalonados en el valle de los Avellanos de la morisca Granada.

Del viernes ya pensé en emplear la noche en escribir mi artículo; pero fatalmente para usted, los viernes ha dado en reunir en su casa la señora de Malpica a algunos amigos suyos, entre los cuales me cuenta (…) De aquella casa  se sale con pesar a las cuatro de la mañana; y el sábado hay que pasarlo en soñar con aquellas tres parejas de muchachas, que le dejan a uno en los oídos para veinticuatro horas el eco de todas las harpas de Sión, y de los gorjeos de todos los ruiseñores de los bosques de la Alhambra.

La tarde del sábado, cuando ya iba disipándose la especie de embriaguez en que envuelven el espíritu de los poetas, aunque seamos viejos, el recuerdo de tanta poesía, tanta música y tantos serafines con forma humana…, ella bajando y yo

 

periódicos-tgbb.-Adolfo Kaminsky.-le journal de la photographie

 

subiendo, tropecé en la calle de la Montera con la marquesa de D. H. , que es la más mona de todas las marquesas de los reinos unidos y desunidos de Europa; una malagueña que tiene una mata de rayos de sol por cabellos, un puñado de azucenas por cara, dos pedazos de cielo por ojos y dos ramilletes de jazmines por manos; y que me dio justísimas quejas, y que la di merecidísimas satisfacciones, y que me ofreció el perdón suyo y el de su esposo, y que le prometí enmienda, y que me fuí a mi casa entre la niebla del crepúsculo, mareado y andando a tientas con el recuerdo de sus palabras y la imagen de su hermosura.

(…) Compóngase usted, pues, como pueda; que yo voy a probar si durmiendo doce horas seguidas puedo desembarazarme de la deliciosa pesadilla que me producen en vigilia las encantadoras imágenes de las nueve bienhechoras hadas con quienes he tenido la fortuna de tropezar en la semana que acabó ayer”.

 

periódicos.-4d4.-Praga.-Stanko Abadzic.-contemporary net

 

(Imágenes.-1.-Albert Anker/ 2.-Maria Paulova – artnow-ru/ 3.-Adolfo Kaminsky- le journal de la photografie/ 4.-Stanko Abadzic- contemporary. net)

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escribir.-34dd.-Albert Anker.-1875

“Tú dices que papá escribe muchos libros, pero yo no entiendo una palabra de lo que él escribe. Toda la noche estuve leyendo cosas. Di, ¿y tú entendías lo que él quería decir? ¡Tú sí que sabes contarnos cuentos bonitos, madre! ¿Por qué no los escribirá papá así? ¿ Es que su madre no le contó nunca historias de jigantes, de hadas y de princesas? ¿O es que se le han olvidado ya todas?

escribir.-uuybbm.-Edouard Vuillard.-1891,- Memorial Art Gallery de la Universidad de Rochester.-Estados Unidos

Muchos días tienes que llamarlo cien veces para ir al baño. Y lo esperas para comer, y vuelves a calentarle la comida, y él escribe que te escribe, olvidado de todo. ¡ Siempre jugando a escribir libros! Pero si yo voy una vez a jugar a su cuarto, tú vienes corriendo por mí y me gritas: ” ¡ Qué travieso eres, hijo!”. En cuanto yo hago un poquito de ruido, ya me estás diciendo tú : “¿ No ves que papá está trabajando?” ¡Ay!, ¿qué gusto le sacará a estar siempre escribiendo, escribiendo?

escribir.-ttggb.-Albert Anker.-wikimedia

Y cuando yo cojo el lápiz o la pluma de papá y me pongo a escribir como él a b c d e f g h i, en uno de sus libros, ¿por qué te enfadas así conmigo, madre? ¡A él no le riñes nunca porque escriba! Parece que no te importa que él estropee tanto papel. Pero si yo cojo una sola hoja para hacer un barco, ya estás tú riñéndome: “¡ Hijo, qué mareón eres!” Y a papá, que echa a perder tantas hojas haciéndoles letras negras por los dos lados, no le dices nada.”

Rabindranath Tagore.– “Autor”.- “La luna nueva” (Traducción y ortografía de Zenobia Camprubí de Jiménez)

escribir.-trbb.- foto Sarki Stanislaw Solagajan

(Imágenes.- 1.-Albert Anker.-1875/ 2.- Edouard Vuillard.-1891.-Universidad de Rochester.-Estados Unidos/ 3.- Albert Anker.- wikimedia/  4.- Sarki Stanislaw Solagajan.-pixdaus.com)

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escribir.-34dd.-Albert Anker.-1875

“Querido pescador de caña,

querido filósofo,

hijo del cazador de venados,

del carpintero que hizo la mesa donde escribo,

del lector de la Biblia

que una tarde, en un sendero de Las Villas,

vio todos los animales de la creación;

hijo de Luz, de Varela, de Varona,

querido niño estudioso,

querido orador,

amado anciano y maestro,

poeta, padre mío, suave estoico,

espíritu radiante,

no me abandones”.

Cintio Vitier.-“Dicho en el alma”

(Imagen.- Albert Anker)

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