Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Abbey Library St. Gallen’

 

 

“Me dice usted, doctor, que le escriba cada quince días contándole mi estado de ánimo. Lo hago hoy ante esta estrecha ventana que da al campo, contemplando siempre la soledad que me rodea, contemplando el áspero horizonte apenas iluminado por lo verde, tono ocre carente de humedad y de belleza. Usted, en una de las últimas  visitas que le hice, recuerdo que me dijo que describía muy bien; pero hoy no estoy, doctor, para muchas descripciones: he vuelto a sumergirme en mi sueño. Desde hace tiempo bien sabe usted, y así se lo he dicho, que quiero ser bibliotecario. No bibliotecario de este pequeño pueblo donde vivo: sueño con lo mismo que le dije un día: quiero ser Primer Bibliotecario de la Biblioteca Nacional de mi país. Me veo, tal como le conté, en el centro de un gran hemiciclo; he visto ese hemiciclo, doctor, cuando visité la capital, y no lo olvidaré mientras viva. Quizás en mi imaginación lo idealice, pero los pocos minutos que allí estuve me llevan hasta ese verde silencio de las alfombras y los lomos bruñidos, gigantescas figuras de sabios esculpidos en piedra, y así me veo caminar sobre moquetas rondando los pupitres, admirado del mutismo sellado, de tanta ciencia concertada bajo la bóveda. No olvido aquella bóveda, doctor. Por las noches, en este pequeño cuarto  en que habito, sobre todo en las noches de verano, estiro mi cuello fuera de la ventana y me asomo al resplandor celeste.  Dejo mi libro sobre la mesa, levanto mis ojos a las estrellas, y pienso qué luz contemplará mi libro, el único que tengo, el que mes a mes suelen prestarme en la diminuta biblioteca de este pueblo, esa sala estrecha, vacía y polvorienta.

 

 

No crea que estoy triste, doctor, me bastan estas páginas. Yo sé perfectamente que debo estar aquí y esperar; la vida vendrá a sacarme un día de este cuarto, viajaré, estudiaré, me sentaré un día en el gran hemiciclo silencioso de fichas y volúmenes y oiré las horas que va dando el reloj sobre los libros y cómo pasan suavemente sus hojas. Sueño con esa enorme Biblioteca infinita y miro el campo y él entra en mi mirada. Dice mi madre que la vida es la que más nos enseña, no los libros;  repite siempre que son los libros los que copian a la vida. Usted, doctor, ya sabe lo que pienso. Muchas veces se lo he dicho por escrito. Pero miro la vida y acaso no he vivido aún lo suficiente; acaso mi padre, por sus economías, no ha podido sacarme de este cuarto.

 

 

Aquí he visto, doctor, anochecer y amanecer: no sé describir el mugido de las vacas ni distingo el color ni los olores. Voy hasta el río y me falta el libro, único libro mío, me falta el aire. Veo al agua correr y quebrarse, y sé bien que el agua no se quiebra. Sueño entonces lo que será mi porvenir. Me veo mayor, el pelo cano, ya con gafas; me veo presidiendo esa gran sala oscura y con las grandes pupilas dilatadas atender al silencioso cliente, al misterioso lector que llega tímido en busca de la Ciencia. Me veo paciente, con el rostro inclinado leo su ficha, admiro su mirada: él sería yo, de joven, si aquí no estuviera. Le atenderé con ese fervor súbito que me empuja al volumen, a la página, a la letra. Y ahora cerraré este pequeño libro azul y blanco, doctor, y este cuaderno en que siempre le envío mis impresiones. Luego bajaré la escalera de mi cuarto, la escalera tan tosca y tan sencilla, y me encontraré con usted. Usted, padre, cenará con mi madre, y yo cenaré junto a ustedes. Estará el pueblo dormido, manso y apacible. Yo dejaré en una esquina del banco este cuaderno y cenaré en silencio. Pero usted sabe bien, siendo doctor del pueblo y siendo mi padre, cuáles son mis profundos sentimientos, qué es lo que deseo, a qué aspiro, cómo, aun queriéndoles tanto a los dos, deseo salir de aquí. No, no se enfade usted, padre, no quiero ser médico sino Bibliotecario, leer libros infinitos , mostrar páginas, leerle también a usted cuando sea viejo, cuando ya usted no pueda.

Bajaré, padre, como todas las noches. Cenaré en silencio, no se enfade”.

José Julio Perlado( del libro “Relatos”) ( texto inédito)

 

 

(Imágenes-1-Abby library st Gallen/ 2-biblioteca/ 3- biblioteca palacio convento de Mafra/ 4-Antonio Mancini – 1875)

Read Full Post »

bibliotecas-3-abbey-library-st-gallen-switzerland-curious-expeditions¿Dónde se oculta una edición príncipe de “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde dentro del inmenso edificio  de la Biblioteca Británica? ¿En qué oculta estantería, quizás huyendo de todas las miradas y reposando caída hacia un lado o acaso horizontal, envuelta en polvo y con las hojas arrugadas, se encuentra esa otra obra de valor incalculable que todo el mundo lleva años buscando? La Biblioteca Británica ha anunciado estos días que 9.ooo libros – no 90 ni 900, sino 9.000 – se han extraviado a lo largo de sus 650 kilómetros de estanterías, y algunos de ellos – desde el siglo XVl al XX (entre ellos varios tratados renacentistas sobre teología y alquimia, así como un texto medieval de astronomía) – son de un extraordinario interés. No parece que sea un robo lo ocurrido; sería asombroso que se pudieran robar 9.000 “joyas” de las distintas salas. Curiosamente, el primer post de Mi Siglo lo dediqué hace ya muchos meses a un robo en la Biblioteca  Nacional. biblioteca-6-trinity-college-library-aka-the-long-room-dublin-irlanda1

Alberto Manguel, en “La biblioteca de noche” (Alianza) se hace unas preguntas intentando recuperar sus personales olvidos: “¿Qué novela comienza con las palabras “Una tarde de primavera de 1890”? ¿Dónde leí que el rey Salomón utilizó un espejo para averiguar si la reina de Saba tenía las piernas peludas? ¿Quién escribió ese extraño libro Vuelo a la oscuridad, del que sólo recuerdo la descripción de un corredor sin salida lleno de pájaros batiendo las alas? ¿En qué relato leí la frase “el trastero que era su biblioteca”? ¿Qué libro tenía en la cubierta una vela encendida y unos gruesos lápices de colores sobre un papel de color crema? En algún lugar de mi biblioteca – concluye Manguel – se encuentran las respuestas a estas preguntas, pero he olvidado dónde”.

Si así se interroga la memoria individual de un amante de los libros, ¿qué diría la memoria colectiva intentando recordar qué tamaño y grosor mostraban esos 9.ooo libros desaparecidos? ¿Qué encuadernación tenían, qué sensaciones podían recoger las yemas de los dedos al tocarlos, guardaban algún viejo olor en la hondura de sus páginas, qué ilustraciones iluminaban los textos, cómo estaban construidos sus Índices,  cómo estaban trazados sus grabados, qué secretos confesaban las dedicatorias, cuánto abarcaban las bibliografías?

Todo eso al parecer se lo ha llevado el misterio del extravío, no se sabe bien si la incapacidad o el desorden, pero sí han quedado abiertos en las estanterías singulares huecos de olvido muy repletos de apretada ignorancia y – tanteando en el recuerdo a la manera borgiana – quizá nunca se encuentre esa edición príncipe de la novela de Oscar Wilde y los ojos no puedan volver a leer la belleza.

(Imágenes: 1.-Abbey Library St. Gallen, Switzerland.-curious expeditions/ 2.-Trinity College Library, AKA, The Long Room, Dublin.-curious expeditions)

Read Full Post »