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“Lo primero que me sorprende de Salamanca es el color de oro mate (mejor diría de salmón) de la ciudad –  escribe Emilio Bobadilla enViajando por España”, en 1912 -. Esto obedece  a la piedra de que están hechos sus edificios, blanda como la arcilla al principio, y dura como el granito después. Así se explica que hayan podido cincelarla tan complicadanente, imitando las labores de los plateros. El tiempo la comunica ese matiz de barquillo indeleble.

 

 

 

De calle en calle salgo a la Plaza Mayor, original como ninguna otra de España. Viene a ser el foro salmantino. Por allí se pasea todo Salamanca. Tiene la forma de un trapecio. La circundan casas uniformes de cuatro pisos con soportales poblados de tiendas. En las enjutas de los arcos ostenta bustos de viejos reyes y próceres, de incierto parecido. En el siglo XVl se transformaba en plaza de toros. Los arcos se cerraban con una barrera, detrás de la cual se congregaba el pueblo, y los balcones se convertían en palcos. La tauromaquia estaba entonces en mantillas y los toreros eran puramente de afición.

 

 

(…) De la Plaza Consistorial salto a la Plazuela del Corrillo. Es triangular. Sus puertas desquiciadas, sus barandajes torcidos, sus paredes hidrópicas, sus vetustos guardapolvos, sus ventanas mohosas con cortinas de colores, sus columnas hundidas, sus portales oscuros, sus tejas rotas… forman un conjunto anárquico y pintoresco. Las lugareñas, de ampulosos y burdos refajos, peinadas al estilo… plateresco, venden allí en míseros tenduchos, sentadas en el suelo, legumbres, huevos, pollos y gallinas. (…) La calle de San Pablo me conduce a la “Casa de la Salina”, llamada así por haber servido de almacén de sal en otros tiempos. A poco andar, diviso la granítica  “Torre del Clavero”, sólida, esbelta y rubia como el trigo. Casi enfrente está el “Parador del Clavel“. Los caballos, las mulas, los burros se apiñan coceando en el zaguán. De los travesaños del techo y de las paredes cuelgan albardas, zanzarros, arneses, alforjas, sombreros y mantas. En el suelo se hacinan los cántaros de leche, los serones, los cuévanos vacíos, las botas de montar, las espuelas (…) Caballero en un mulo, llega un charro, erguido, seco, de ancho sombrero, la manta al hombro, ceñido el busto por una faja carmesí. Su  cara respira una nobleza de viejo hidalgo.  Luego llega otro, el brazo izquierdo arqueado sobre el muslo; en la mano derecha la brida; gallardo, musculoso; los cañones incipientes de la barba le azulean el perfil casi griego; la mirada es imperiosa, los labios son finos y pequeños. Se apean despacio y gravemente como caudillos victoriosos. Detrás viene un arriero rechoncho, montado en un rucio de orejas caídas, pintura viva de Sancho Panza. Luego otro charro en una yegua nerviosa, de pupilas parlantes, que  piafa y caracolea”.

 

 

(Imágenes -1-cronica de Salamanca/ 2.- charro y gitanos -Laurent -todo colección/ 3- Salamanca- 188o- The Bridge- todo colección/ 4.-Salamanca – siglo XlX- Venancio Gombau- Pinterest)

 

“Tenía claro desde muy pronto – confesaba Montserrat Roig – que quería escribir. Y también muy pronto me di cuenta de que no era nada fácil. Tenía que trabajar en mí el oficio de escritora, preocuparme de su proceso interno, pero también observarlo desde fuera”.
Así empezó a concienciarse en una de las modalidades del periodismo una personalidad fuertemente marcada por las ideas de izquierdas, el catalanismo y los derechos de la mujer. Hija de un escritor y abogado y de una defensora de las ideas feministas, autora de la novela El tiempo de las cerezas (1977) –  galardonada con el Premio Sant Jordi -, y La hora violeta (1980) entre sus principales obras de ficción, recibió diversos premios literarios y periodísticos –el Victor Català y el Recull -así como el Omnium Cultura en 1980 por sus diálogos en TVE, en el programa Claro y catalán, y a la vez reunió en varios libros –Retrats parallels (tres volúmenes) (Biblioteca Serrador, 1978) y Personatges (dos Series)(Editorial Portic, 1980) las numerosas entrevistas aparecidas en distintos medios.

Varios grupos generacionales de escritores y artistas fueron interrogados por ella. Desde Benet y Llorenc Villalonga, Mercé Rododera, Torrente Ballester o Donoso hasta Néstor Luján, Pla, Mompou, Ferrater Mora, Joan Fuster y tantos otros más. “Soy partidaria del escribir bien antes que dejarse vencer por la banalidad de los gustos que mandan en el momento – decía – No soy de las que enfrentan puerilmente contenido y forma. Son dos cosas complementarias que deben estar para existir. Creo, no obstante, que las ideas tienen que ser anteriores a la forma”.

Paralelamente a su quehacer periodístico y sobre su tarea literaria, la profesora de la Universidad de Venecia Susanna Regazzoni valoraba en ella, en 1984, por un lado la utilización del testimonio y la biografía como herramientas básicas en la construcción de sus novelas, y por otro la elección de un punto de vista femenino mediante el cual se intentaban retratar las voces inquietas de una época.

 

 

Montserrat Roig había nacido en Barcelona. “Soy del Ensanche – decía -, de un barrio de segunda categoría, con iglesias que hacen la competencia dominical. De un barrio de señoras y señores que poseen más cordura que oro”, señaló en el prólogo de Molta roba i poc sabó…i tan neta que la volen, el retrato de la burguesía catalana desde principios del siglo XX a través de la repetición de personajes, especialmente, de las familias Miralpeix y Claret. Fue lectora de catalán y de castellano en la universidad inglesa de Bristol. Políticamente, entró en el PSUC, salió, volvió a entrar y volvió a salir. Firmaba en la revista Treball con el seudónimo de Capitá Nemo. En 1968 se había licenciado en Filosofía y Letras (Románicas) y quiso apuntarse a la Escuela de Arte Dramático Adriá Gual, donde conoció a Josep Maria Benet i Jornet y a Maria Eulalia Capmany. Trabajó como redactora de la Gran Enciclopedia Catalana y del Diccionari de literatura catalana.
Como entrevistadora solía acompañarse por la fotógrafa Pilar Aymerich, a la que había conocido en la Escuela de Arte Dramático. Como periodista colaboró en Tele/Express, Serra d´Or, Destino, Triunfo, Oriflama, Presencia, Avui, Arreu, Cavall fort, El temps. En su libro Els catalans als camps nazis (1977) (Edicions 62) investigó y recogió testimonios de los supervivientes, y en L´aguila daurada (1985) sobre el sitio de Leningrado por el ejército alemán, quiso mezclar personajes históricos, como Pushkin, con la experiencia de una ciudad sitiada. En 1990 escribió El canto de la juventud (Ediciones 62), en 1991 se publicó Digues que m`estimes encara que sigui mentida” y tras su muerte, se publicaría Un pensament de sal, un pessic de pebre: dietari obert (1992).

Pero quizá su personalidad destaque sobre todo en algunas de sus novelas y en su trabajo como excelente entrevistadora. Murió a los 45 años víctima de un cáncer. Se encontraba dando clases en la Universidad de Arizona y tuvo que volver precipitadamente a Barcelona. “Conciencia de finitud – escribió –, atrapar el tiempo. He aquí el castigo del oficio de escribir. Sueño que tengo palabras y que, con ellas, poseo el mundo”.

 

 

(Imágenes- 1-Montserrat Roig- foto Pilar Aymerich- Aula de las Artes/ 2.- Montserrat Roig -catalán films/ 3.-Montserrat Roig- el diario es)

CONTEMPLAR LA NATURALEZA

 

 

“Cada día, durante dos, tres o cuatro semanas, me siento delante del mismo paisaje – cuenta Marcel Bénabou enPor qué no he escrito ninguno de mis libros” -:  las pendientes secas de los Prealpes, los bosques del valle del río Chevreuse aún cubiertos por la niebla, las laderas peladas del Ventoux, o bien el árbol solitario del jardín de Vert, cuyo tronco muerto se ha vuelto casi invisible, debido a la  tupida y encarnizada profusión de la hiedra que lo atenaza y lo invade todo. Yo, que en mucho tiempo nunca había tenido la ocurrencia de mirar de verdad la naturaleza, voy iniciándome poco a poco en la contemplación minuciosa. Aprendo a distinguir las diferencias entre los grises y los ocres de los peñascos, entre las múltiples variedades de verde. Sé seguir, y hasta prever, el desplazamiento de las masas de sombra y de luz según los momentos del día: por aquí, el sol va a hacer surgir una larga tira de agua entre dos orillas desiertas, allá tan sólo una hilera de chopos, algo más lejos unas cuantas casas viejas separadas por jardines, setos de madreselva, de jazmín o de clemátides. Me he prohibido a mí mismo cualquier otro solaz o esparcimiento: ni cigarrillos, ni alcohol, ni periódicos ni música penetran en esta habitación de austera ambientación. Los techos carecen de molduras, las paredes están sin empapelar, ni siquiera hay una fisura que alegre la vista. Pero si el paisaje que tengo delante de los ojos se modifica sin cesar, la cuartilla de papel blanco que tengo ante mí no cambia como quien dice en absoluto”.

 

paisajes-byu-edward-steichen-mil-ochocientos-noventa-y-nueve

 

(Imagénes-1-  Eyvind Earle- 1976/2.- Edward Steichen– 1899)

 

 

“Miedo da a veces coger la pluma y ponerse a escribir,

miedo da tener miedo a tener miedo,

yo por ejemplo que nunca temí nada,

pudiera ser que un día sintiera frío,

un frío nuevo que no le da el invierno.

Es malo que te corten las alas con un palo.

Es duro que los niños no te entiendan.

Es bastante difícil ser feliz una tarde

y lo mejor para sufrir es tener una viña.

Qué mal sienta la angustia si estás desentrenado.

Cómo te quema el pelo la gente que te grita.

Es lamentable y cruel que te roben el aire.

Afortunadamente esto durará poco

y lo otro, lo otro puede ser infinito”.

Gloria Fuertes -“Todo asusta” – 1958

(Imagen- clickfordetails)

LA INFANCIA EN El ARTE (2)

 

 

He aquí este rostro que nos mira  – apoyado el codo en el piano – , el de Julie Manet, hija de Berthe Morisot y de Eugène Manet, hermano del pintor. La tarde entra hasta el frescor luminoso de este cuarto y los dedos rozan las teclas en este pastel hoy guardado en una colección particular. La infancia en el arte nos brinda la intimidad de la música, aunque en este momento aún no pueda desvelarse lo que será esta niña, relacionada en el futuro con tantos artistas, y que escribirá un Diario en torno a muchos creadores. La tarde se queda en la puerta contemplando esta escena y la mirada soñadora de Julie no sabe aún cuánto le espera, todo lo que le va a suceder en la vida.

 

 

Mármol blanco para este busto de Camille Claudel que ha tomado como modelo a Madeleine Boyer, hija de los propietarios del Castillo de l Islette de Touraine. Ojos elevados al cielo, ondulaciones del cabello, mirada fija en la esperanza. Se acercaba hasta esta escultura Claude Debussy para admirarla y comentó en voz baja:  ” una de las más graciosas evocaciones que han inspirado a un poeta del mármol: la llamada con la cual  un niño interroga a lo desconocido”.

 

 

Refugiados los ojos en un rincón de la habitación, esta niña en azul de 1918 de Amedeo Modigliani observa y espera. Así lo hará siempre mientras nos mira. Ojos que hablan. Ojos que retratan. ” Muchos de estos ojos – dirá un crítico once años después – nos miran desde los lienzos, pensativamente conscientes de su vida frágil, angosta, con su propia miseria o su mórbida sensibilidad desvelada”. Esta niña graba en las pupilas todo cuanto ocurre, pero también su mirada se alarga sobre cuanto nosotros escondemos, sobre cuanto queremos que siga oculto. Singular notario infantil que nada olvida.

(Imágenes.- 1- Berthe Morisot -Le Piano – 1888 -colección particular/ 2-Camille Claudel -le Petite Châtelaine- 1896- Roubaix, La Piscine, museo del arte y la industria/ 3 – Amedeo Modigliani -Fillette en bleu -1918 -colección particular)

 

 

La sucesión de los telediarios nos suele ilustrar de modo continuo sobre la gran picaresca del mundo y la pequeña picaresca cotidiana, la larga procesión y variedad de delincuentes, sus triquiñuelas y astucias, muchas veces apresadas al fin sus muñecas por los grilletes de la justicia y otras muchas escapando libres campo abajo y perdiéndose en  el olvido de la multitud.  Al abrir un libro del siglo XVll,  “Desordenada codicia de los bienes ajenos” (1619) , su autor nos abre todo el panorama de ciertas “profesiones“: ” los “salteadores”, que son aquellos que roban y matan en los caminos;  los ” estafadores“, que asaltan a los ricos en sitios solitarios, y, mostrándoles dagas, les amenazan de muerte si no les dan una cantidad determinada en cierto tiempo;  los “campeadores“, que se apoderan por la noche de las capas o van con librea de lacayos a casas de diversión, de donde roban lo que pueden, saludando a cuantos encuentran ; los “grumetes“, que toman ese nombre de los aprendices de marino que trepan a los mástiles, porque éstos van provistos de escalas de cuerda, con garfios en los extremos para hacer sus robos; los “apóstoles“, que, como San Pedro, van con llaves y arrancan cerraduras; los “cigarreros“, que frecuentan las plazas públicas y se llevan de un tijeretazo la mitad de una capa; los “devotos”, son ladrones religiosos, que despojan las imágenes de los Santos y confían en la suavidad de las leyes de la Iglesia, que con una pena leve los castiga si son descubiertos; los “sátiros”, ladrones de bestias, llamados así porque viven en los campos; los “mayordomos“, que roban provisiones  y embaucan a los mesoneros; los “cortabolsas”, su nombre lo indica; éstos son los más nunerosos en el país; los “duendes“, que son ladrones subrepticios ; y los “maletas“, que, dejándose llevar en bultos y baúles como si fueran mercancías, tienen fácil entrada en las casas”.

En cuatro siglos, la lista – como nos recuerdan casi cada día los telediarios – sería mucho más larga.

 

 

(Imágenes-1-Georges Segal – pegausnews com/ 2- Yong Sin – 2009- andrewshire gallery – los Angeles- artnet)

MIGUEL HERNÁNDEZ

 

 

“Partir es un asunto dolorido

como morir: al muerto y al ausente

ni la fotografía más ferviente

ni las cartas los sacan del olvido.

Te irás del todo tú que ya te has ido

con decir que te vas tan solamente,

y a cada sol te llevará mi frente

con más obstinación descolorido.

En la agonía de la despedida

como un pañuelo el corazón sacudo

y lo lleno de angustia como un puerto.

Silencio y muerte veo en la partida:

si no me has de escribir te doy por mudo

y si no has de volver te doy por muerto”.

Miguel Hernández – “Al que se va” – (publicado en el número 1 de la revista “Silbo”, dirigida por Justino Marín – “Gabriel Sijé” -, Orihuela, mayo de 1936. Conservado por don Francisco Giménez Mateo)

(en el 75 aniversario de la muerte del poeta)

(Imagen – Liu Wei – 2007- artchina  galleria Hamburg – artnet)